lunes, 9 de noviembre de 2020

Biden gana Pensilvania y será el presidente 46 de Estados Unidos // Trump aclaró que la elección no terminó y que Biden no ganó // Donald Trump denuncia fraude sin presentar ninguna prueba - Aseguró que "ganó por mucho" pero que se está "evaporando" su triunfo // Las principales televisiones de EEUU cortan el discurso de Trump en el que hablaba de fraude sin "ninguna prueba" // Parlamento Europeo: la autoproclamación de la victoria de Trump no tiene precedentes // Los que realmente eligen al presidente: qué es y cómo funciona el Colegio Electoral // ¿Puede Trump resolver en la Corte Suprema el resultado de las elecciones presidenciales? // El crecimiento del fascismo o trumpismo en EEUU por Vicenç Navarro // La herencia política de Trump Por Atilio A. Boron // Banana Republic of USA // ¿De qué democracia están hablando? por Aram Aharonian // "Es falso que con Biden el mundo será mejor" // Elecciones en Estados Unidos: el gatopardismo de Biden

 

Biden gana Pensilvania y será el presidente 46 de Estados Unidos
7 noviembre 2020 | CUBADEBATE

Joe Biden y Kamala Harris. Foto: AP.

El candidato demócrata Joe Biden se convirtió este sábado en el presidente electo de Estados Unidos después de haber conquistado el estado clave de Pensilvania, indicaron las proyecciones de las cadenas CNN, CBS y NBC.

Biden superó la cifra mágica de 270 compromisarios que necesitaba en el Colegio Electoral tras confirmarse que ganará en Pensilvania.

Su compañera de fórmula, Kamala Harris, hizo historia al convertirse en la primera mujer elegida como vicepresidenta de EE.UU.

La proyección llegó después de casi cuatro días de agónica espera en Estados Unidos, mientras los estados contaban el récord de papeletas enviadas por correo en las elecciones con más participación de la historia del país.

Las principales cadenas de televisión hicieron la proyección poco antes de las 11:30 de la costa este (16:30 GMT), cuando Biden amplió su ventaja en Pensilvania a más de 30 000 votos sobre el presidente estadounidense, Donald Trump.

Poco antes, Trump había proclamado en Twitter que había ganado la reelección "por mucho", algo falso.

Actualmente, Biden suma 284 delegados o 273, dependiendo de si se toma en cuenta Arizona o no, donde alguno medios no han proyectado todavía su victoria allí, lo que sí ralentizarse aún más.

Trump se ha encomendado a las demandas que ha presentado en varios estados clave, pero es improbable que ninguna de ellas pueda invalidar los votos suficientes en ningún territorio.

Con su triunfo, Biden, que cumplirá 78 años a finales de este mes, cumplió su ambición de décadas en su tercera candidatura a la Casa Blanca, convirtiéndose en la persona elegida presidente de mayor edad. Un pilar de Washington que fue elegido por primera vez en medio del escándalo de Watergate y que prefiere el consenso político al combate, Biden liderará una nación y un Partido Demócrata que se han vuelto mucho más ideológicos desde su llegada a la capital en 1973.

Boris Johnson y otros líderes mundiales felicitan a Biden y a Harris

Joe Biden y Kamala Harris serán candidatos oficiales del Partido Demócrata en unos días. Foto: AP

El mundo acudió expectante los resultados de las elecciones en Estados Unidos entre Trump y Biden , uno de los comicios más reñidos de los últimos años.

Tras conocerse que Joe Biden y Kamala Harris resultaron electos, líderes mundiales reaccionaron luego de conocer la noticia.

"Felicitaciones a Joe Biden por su elección como presidente de Estados Unidos y a Kamala Harris en su histórico logro. Estados Unidos es nuestro más importante aliado y buscaremos trabajar de cerca en nuestras prioridades compartidas, desde cambio climático, comercio y seguridad".

Así reaccionó a través de su cuenta de Twitter Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido tras conocerse que Joe Biden y Kamala Harris salieron electos como los próximos inquilinos de la Casa Blanca.

El presidente francés Emmanuel Macron fue de los primeros en reconocer el triunfo del candidato demócrata en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el pasado 3 de noviembre.

"Felicidades, @Joe Biden y @KamalaHarris. Nuestros dos países son amigos cercanos, socios y aliados. Compartimos una relación que es única en el escenario mundial. Realmente tengo muchas ganas de trabajar juntos y aprovechar eso con ustedes dos".

Estas fueron las palabras que utilizó Justin Trudeau a través de su cuenta de Twitter tras conocerse la noticia.

"¡Mantuvimos la república! Felicitaciones a Joe Biden por su victoria por el alma de nuestro país. Felicitaciones a Kamala Harris por hacer historia. Es un momento para sanar y un momento para crecer juntos", trinó Nancy Pelosi, líder de los demócratas en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

El primer ministro irlandés, Micheal Martin tuiteó: "Joe Biden ha sido un verdadero amigo de este país durante toda su vida y estoy deseando trabajar con él los próximos años", asegurando que también quiere "invitarle de vuelta a casa cuando las circunstancias lo permitan".

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha expresado su deseo de reunirse con Biden "a la primera oportunidad posible" dado que la UE y Estados Unidos "son amigos y aliados". "A medida que el mundo cambia y surgen nuevos retos y oportunidades, nuestra renovada alianza será de particular importancia", ha subrayado.

En este sentido ha indicado que la Comisión Europea está "dispuesta a intensificar la cooperación con la nueva Administración y el nuevo Congreso para para abordar los desafíos acuciantes a los que nos enfrentamos", entre los que ha resaltado la pandemia y el impacto económico y social de la misma, así como "reforzar nuestra seguridad común y reformar el sistema multilateral basado en reglas".

La canciller alemana, Angela Merkel, ha deseado "suerte y éxito desde el fondo del corazón" a Biden y ha felicitado a Harris por el hito de ser la primera vicepresidenta. "Estoy deseando trabajar con el presidente Biden en el futuro. Nuestra amistad transatlántica es irremplazable si queremos superar los grandes desafíos de este tiempo", ha resaltado.

A su vez, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, ha felicitado a los estadounidenses "por el récord de participación en las elecciones, una clara expresión de la voluntad popular", además de saludar la elección del nuevo presidente y "la primera vicepresidenta mujer de ese país".

(Con información de CNN, AP y The New York Times)



Donald Trump denuncia fraude sin presentar ninguna prueba

Aseguró que "ganó por mucho" pero que se está "evaporando" su triunfo

PÁGINA 12 - 05 de noviembre de 2020

Donald Trump denuncia fraude sin presentar ninguna prueba.
Donald Trump denuncia fraude sin presentar ninguna prueba.
Imagen: Télam

El presidente Donald Trump dedicó largos 20 minutos para atacar de todas las maneras posibles a sus rivales demócratas, acusándolos de estar realizando un gigantesco fraude, y asegurar, sin ninguna evidencia concreta, que va a ganar las elecciones de Estados Unidos.

"Si cuentan los votos legales, gano fácilmente. Si cuentan los votos ilegales, pueden intentar robarnos la elección", dijo en la Casa Blanca el mandatario republicano, que ya se había declarado ganador en la madrugada del miércoles, poco después del cierre de las urnas.

"No podemos permitir que nadie amordace a nuestros votantes e invente los resultados", dijo. "Tengo la sensación de que los jueces van a tener que decidir al final", afirmó para dejar claro que piensa iniciar una batalla judicial si finalmente pierde las elecciones.

Trump centró sus acusaciones en el voto por correo, aseguró que lo viene denunciando hace mucho y culpó por todo a los funcionarios demócratas de las principales plazas en disputa, en particular Detroit y Filadelfia.

"Saben cuántos votos necesitan y van a esperar y esperar hasta conseguir esos votos. Están encontrando papeletas de repente y es sorprendente que todas vayan para el mismo lado, para los demócratas", dijo Trump.

"Los funcionarios demócratas nunca creyeron que podrían ganar estas elecciones, honestamente, realmente es por eso por lo que hicieron papeletas por correo con esta tremenda corrupción", afirmó ante la prensa en la Casa Blanca, y prometió que "habrá muchos litigios" porque hay "pruebas suficientes".

El magnate acusó a los grandes medios de comunicación y a las empresas tecnológicas de intentar "interferir" en la opinión pública estadounidense con encuestas "falsas" y "fraudulentas" con el objetivo de "crear la ilusión" de que el candidato demócrata, Joe Biden, podría ganar.

"El voto por correo ha destruido nuestro sistema, es corrupto", afirmó Trump, quien cuestionó que ciudades como Detroit o Filadelfia, con "antecedentes de fraude en elecciones menores", sean las encargadas de decidir el ganador de las presidenciales del pasado 3 de noviembre.

"Nuestro objetivo es defender la integridad de las elecciones, por lo que no permitiremos a los corruptos que nos roben", afirmó Trump al afirmar que todas las encuestas previas habías sido manipuladas y que lo mismo estaba ocurriendo con el conteo.

El presidente parece cada vez más aislado dentro de su partido republicano, mientras el escrutinio continuaba en varios estados y Biden lo aventajaba en el número de votos electorales necesarios para alcanzar la Casa Blanca.


El republicano se resiste a aceptar un triunfo del demócrata

Estados Unidos: Trump aclaró que la elección no terminó y que Biden no ganó

El equipo de campaña del presidente estadounidense denunció irregularidades en el proceso electoral y afirmó que los resultados conocidos hasta el momento no son definitivos.
PÁGINA 12 - 06 de noviembre de 2020

Imagen: AFP

El equipo de campaña de Donald Trump aseguró este viernes que la elección presidencial de Estados Unidos aún "no ha terminado", luego de que el candidato demócrata, Joe Biden, adelantara al mandatario republicano en el escrutinio del estado clave de Pensilvania

"Esta elección no ha terminado. Las proyecciones erróneas que dan como ganador a Joe Biden se basan en el resultado de cuatro estados que están lejos de ser definitivos", afirmó a través de un comunicado el jefe de campaña de Trump, Matt Morgan.

Hasta el momento, ninguno de los grandes medios de comunicación le atribuyó la victoria al demócrata. Sin embargo, el recuento de votos en Pensilvania le está otorgando un triunfo en Pensilvania que le permitiría imponerse definitivamente en la Casa Blanca.

La tendencia también se revirtió este viernes en Georgia a favor de Biden, aunque con un margen extremadamente ajustado de cerca de 1.000 votos.

El equipo de campaña de Trump denunció que en Georgia existen "boletas irregulares" y aseguró que cuando se realice el recuento "Trump finalmente ganará" en ese estado.

En el mismo sentido, Morgan señaló que existieron "irregularidades en Pensilvania, incluido el hecho de que los funcionarios electorales impidieron que nuestros observadores voluntarios legales tuvieran acceso genuino a los centros de conteo", agregó Morgan.

Además, el director de la campaña dijo que en Nevada, donde Biden aventaja a Trump, "miles de personas han votado por correo de forma irregular".

"Finalmente, el presidente está en camino de ganar en Arizona", afirmó Morgan, acusando una vez más a Fox News y Associated Press de dar por ganador en ese estado a Biden mientras otros medios estadounidenses todavía estaban a la espera para tomar una decisión.

"Biden cuenta con estos estados para atribuirse falsamente la Casa Blanca, pero cuando esta elección termine, el presidente Trump será reelecto", concluyó Matt Morgan.

El bando republicano ha interpuesto cada vez más recursos legales y Trump acusó a los demócratas de querer "robarle" la elección, pero sin aportar ninguna prueba del supuesto fraude.


Elecciones en EEUU: Bernie Sanders vaticinó en octubre lo que hoy ha hecho Trump (y es muy preocupante)

04.11.2020 - PÚBLICO

De unas elecciones con Donald Trump como candidato podía esperarse cualquier cosa y parece que así está siendo. Mientas EEUU se ha acostado aún sin un ganador claro a falta de un recuento final que podría retrasar el resultado en horas y quizá hasta días, el candidato republicano ya se ha proclamado ganador de las elecciones y ha denunciado "fraude en el recuento". Trump acusó este miércoles a la oposición demócrata de "intentar robar" las elecciones, y ha descrito los resultados provisionales como una "gran victoria".

En este punto, resulta realmente interesante (e inquietante) recuperar una premonición del senador de Vermont y excandidato a las elecciones de EEUU, Bernie Sanders, el pasado día 23 de octubre en una entrevista en el late night The Tonight Show de Jimmy Fallon.

En él, Sanders exponía una preocupación que parece estar cumpliéndose: que Trump se proclamara vencedor antes de contar el voto por correo (muy importante en algunos Estados clave y más utilizado por los votantes demócratas) para luego al contarse y dar la vuelta al resultado poder decir que ha habido fraude. Lo cierto (e inquietante) es que hasta ahora ha acertado:

Esto es lo que decía:

"Mi opinión es que se debe contar cada voto. Por razones en las que no tengo tiempo de entrar hoy, vais a tener una situación, sospecho, en Estados como Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Estados donde van a recibir enormes cantidades de voto por correo. Y a diferencia de otros Estados [...] no va a ser posible [...] comenzar a procesar esas papeletas hasta el día de las elecciones o quizá cuando las urnas cierren. Eso significa que se va a manejar, quizá millones de votos por correo. Esa es mi preocupación. Lo que las encuestas muestran es que, por la razón que sea, los demócratas tienen más posibilidades de usar el voto por correo [...] Podría ser que a las 10 en el día de las elecciones, Trump esté ganando Michigan, Pensilvania, Wisconsin... y el salga en televisión y diga, 'Gracias americanos por reelegirme. Se acabó todo, tengan un buen día'. Pero al día siguiente, y el siguiente se cuenten todos esos votos por correo y cambien a que Biden ha ganado esos Estados. En este punto Trump salga y diga: '¿Ven? ¡Ya les dije que era fraudulento! Y no nos vamos a ir de la oficina'. Así que ese es el miedo que yo y mucha gente tenemos".


Varias cadenas de televisión en EE.UU. interrumpen un discurso en vivo de Trump porque "en gran parte es absolutamente falso"

Publicado: 6 nov 2020 10:14 GMT - RT
Los presentadores intervinieron para explicar a sus espectadores que había que "mucho que verificar" en las declaraciones del mandatario y en sus acusaciones de "fraude" electoral.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, tras su discurso en la Casa Blanca, Washington, EE.UU., el 5 de noviembre de 2020Foto: Carlos Barria / Reuters

Las cadenas de televisión estadounidenses MSNBC, ABC, CBS, CNBC y NBC, así como Twitter interrumpieron este jueves un discurso en vivo de Donald Trump en el que el presidente de EE.UU., sin presentar pruebas, afirmó que los demócratas están cometiendo un "fraude" e intentando "robarse" las elecciones.

"Si se cuentan los votos legales, yo gano fácilmente", aseveró el mandatario, a pesar de que el conteo de las papeletas aún está en marcha, incluido en varios estados clave como Pensilvania, Nevada y Arizona. De momento, ni Trump ni su rival demócrata Joe Biden tienen los 270 votos electorales suficientes para ganar las elecciones, en donde muchos estadounidenses, incluidos los militares en activo, votaron por correo, informa The Verge.

"No hay pruebas de fraude"

El primero en cortar el discurso del presidente fue MSNBC: poco después de que Trump comenzara a hablar, intervino el presentador Brian Williams. "Aquí estamos nuevamente en la posición inusual no solo de interrumpir al presidente de EE.UU., sino también de corregir al presidente de EE.UU. No hay votos ilegales que sepamos, no ha habido ninguna victoria de Trump que sepamos", puntualizó el periodista.

La cadena ABC también interrumpió el discurso y el presentador David Muir le pidió al reportero Jon Karl que lo ayudara a "discernir de qué estaba hablando" el mandatario, agregando que había "mucho por verificar". Karl contestó que, "simplemente, no se ha presentado ninguna evidencia en ninguno de esos estados de que haya votos ilegales. Él está hablando de algo, haciendo una acusación sin absolutamente ninguna evidencia".

Asimismo, los presentadores de la cadena CBS al cortar la transmisión explicaron que el presidente había pedido a sus seguidores que votaran en persona y eso haría que, siendo estos votos los primeros en ser contados, el candidato republicano pareciera estar por delante en un primer momento. Sin embargo, las boletas por correo —utilizadas en su mayoría por votantes demócratas— hacían previsible que las cifras cambiaran, por lo que "no hubo ningún milagro allí".

"Estamos interrumpiendo esto porque lo que el presidente de EE.UU. está diciendo en gran parte es absolutamente falso", aseveró, por su parte, el presentador de CNBC Shepard Smith. Su homólogo de NBC News, Lester Holt, señaló que Trump había realizado "una serie de declaraciones falsas, incluida la idea de que ha habido votaciones fraudulentas". "No ha habido evidencia de eso", resumió.

La CNN no interrumpió las declaraciones, pero luego su reportero Daniel Dale tuiteó: "El discurso de Trump esta noche fue el más deshonesto de toda su presidencia".

Mientras, el reportero de MSNBC Hayes Brown indicó que incluso Twitter terminó la transmisión del discurso de Trump en su aplicación, eliminando la opción 'ver en vivo'. Asimismo, la red social marcó en los últimos días ocho tuits del presidente como "potencialmente engañosos", mientras que Facebook y TikTok bloquearon etiquetas que acompañaban publicaciones que señalaban que los demócratas "robaron" las elecciones.

En la misma noche electoral, el presidente Trump anunció que, "en su opinión", ya había ganado los comicios.


Las principales televisiones de EEUU cortan el discurso de Trump en el que hablaba de fraude sin "ninguna prueba"

Las tres grandes cadenas en abierto —NBC, ABC y CBS— desmintieron con contundencia el discurso del presidente en el que aseguraba que "si contamos los votos legales, gano fácil. Si cuentan los ilegales, nos pueden robar las elecciones".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla sobre los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020 en la Sala de conferencias de prensa Brady en la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla sobre los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020 en la Sala de conferencias de prensa Brady en la Casa Blanca. Carlos Barria / REUTERS

madrid

06/11/2020 10:01   Agencias - PÚBLICO

Algunas de las principales emisoras de televisión de Estados Unidos, como ABC, CBS y NBC, cortaron al unísono el discurso del presidente Donald Trump en horario de máxima audiencia, mientras Fox News, la referencia informativa del Partido Republicano, desmentía sus palabras. "Si contamos los votos legales, gano fácil. Si cuentan los ilegales, nos pueden robar las elecciones", ha llegado a decir Trump.

La ruptura en el canal de noticias conservador se está haciendo más profunda cada vez que Trump repite sus acusaciones de fraude electoral.

"No hemos visto nada que constituya un fraude o un abuso del sistema", decía el corresponsal de la Casa Blanca para Fox News, John Roberts, en directo desde la misma sala de prensa en la que segundos antes habló el presidente.

En el plató de informativos, en Nueva York, los presentadores repetían una y otra vez. "No hemos visto ninguna prueba".

Fox News cuestionó que se contabilizara el voto por correo

Horas después, en los programas de opinión nocturnos, la presentadora de Fox News Laura Ingraham daba un giro de 180 grados y cuestionaba en un editorial que se contabilizara el voto por correo al afirmar que "EE.UU. debería conocer al ganador la noche de las elecciones o la siguiente mañana".

La misma emisora, el canal informativo de pago más visto, asumió una gran tensión la noche electoral del martes tras declarar al rival de Trump, el demócrata Joe Biden, ganador de Arizona antes de que lo hayan hecho otros medios.

La diferencia de criterio en la programación de Fox News refleja la tensión informativa que se vive entre los periodistas de una empresa que tiene que decidir entre seguir apoyando la deriva del discurso de Trump o la verificación de sus acusaciones contra el sistema electoral.

Cortan y desmienten con contundencia el discurso de Trump

Mientras, las tres grandes emisoras en abierto —NBC, ABC y CBS— cortaron y desmintieron con contundencia el discurso de Trump en pleno directo.

"Tenemos que interrumpir a Trump porque el presidente ha hecho una serie de afirmaciones falsas", decía en directo el periodista Lester Holt, presentador de NBC Nightly News, uno de los tres informativos más seguidos de la televisión en abierto.

Lo mismo hacía David Muir, el conductor del informativo más seguido del país con 8 millones de espectadores diarios, el ABC World News Tonight.

"Simplemente no se ha presentado prueba en ninguno de estos estados de que existan votos ilegales", decía.

A continuación, el periodista explicaba que por la pandemia del coronavirus el voto por correo había aumentado rompiendo récords, más de 100 millones de estadounidenses votaron anticipadamente, y eso prolongaba el escrutinio.

La CBS, tercera en audiencia, iniciaba una verificación de datos mientras Trump terminaba su discurso, y desmintió todas sus acusaciones de "fraude" y "corrupción del sistema".

Más contundentes fueron los servicios informativos de la radio pública estadounidense, la NPR, al señalar que "Trump de nuevo reclamó falsamente la victoria en las elecciones de 2020. No ha ganado. Los votos se siguen contando".

"No acepta que su tiempo ha terminado"

Por su parte, los canales informativos de pago CNN y MSNBC, conocidos por sus posiciones más liberales, hablaban con dureza: "Qué noche más triste para Estados Unidos".

"Tratar de atacar la democracia con su fiesta de las falsedades. Mentira tras mentira tras mentira", decía en pantalla un compungido el presentador Jake Tapper.

En el programa de CNN, Rick Santorum, un tertuliano del partido de Trump y exsenador, se declaraba "impresionado" y "decepcionado" tras escuchar al presidente.

Mientras Anderson Cooper, uno de los periodistas más prestigiosos de la televisión estadounidense, en la CNN , ha dicho: "Nunca habíamos visto algo así de un presidente. Es patético".

Además, el periodista se ha referido a Trump como "una tortuga obesa bajo el sol que no acepta que su tiempo ha terminado y quiere llevarse a todos por delante".

Los medios mayoritarios dan la espalda a Trump

Prácticamente ningún medio periodístico mayoritario ha corroborado las acusaciones de fraude electoral vertidas por la campaña de Trump.

"Trump ha dicho sin pruebas que la elección ha sido corrupta y fraudulenta", publicaba Nicole Carroll, la editora de USA Today, uno de los diarios generalistas más leídos de Estados Unidos.

The Washington Post, The New York Times y Los Ángeles Times también desmintieron al presidente.

Asimismo, la justicia en Georgia y Michigan también ha desestimado las primeras demandas interpuestas por Trump, quien mediáticamente depende de un apoyo de Fox News, que va cayendo, y de los medios "alternativos" surgidos en redes sociales.


Los que realmente eligen al presidente

Elecciones en Estados Unidos: qué es y cómo funciona el Colegio Electoral

Por Aldana Vales
PÁGINA 12 - 01 de noviembre de 2020

Imagen: AFP

Cuando el electorado estadounidense emite su voto, no elige un presidente o un vicepresidente. Vota, en realidad, por miembros del colegio electoral. Estos serán los que finalmente elijan quién se queda con la Casa Blanca. Desde sus inicios, Estados Unidos tiene un sistema indirecto de votación. Uno que genera consecuencias en la forma de hacer campaña y, sobre todo, diferencias entre el resultado de las elecciones y la voluntad de la mayoría.

La composición del colegio electoral

El colegio electoral en Estados Unidos siempre está compuesto por 538 miembros. Este número es el mismo de la suma de los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, los 100 del Senado y 3 más para el Distrito de Columbia, que no tiene representación con voto en el Congreso, pero sí vota en las elecciones.

La forma en la que esos 538 electores se distribuyen entre los distintos estados depende de la cantidad de personas que vivan en cada uno. Los estados con mayor población tienen una mayor proporción de miembros del colegio electoral que aquellos con menor población. Esto es porque el número que se le asigna a cada estado está relacionado con la cantidad de integrantes que tiene su delegación al Congreso y esta depende, a su vez, de los resultados del censo.

Hay un mínimo de tres electores para cada estado, por los dos miembros del Senado que le corresponde a cada uno y la cantidad base de representantes. Estados como Alaska o Montana, que solo envían dos senadores y un representante al Congreso, tienen solo tres electores en el colegio electoral. Distinto es el caso de estados como California y Nueva York, que aportan 55 y 29 electores respectivamente, porque al tener una mayor población, tienen también mayor representación en la Cámara de Representantes.

En Estados Unidos no es presidente la persona que saque la mayor cantidad de votos, sino la que logra mayoría en el colegio electoral. Es decir, el candidato que gane los estados suficientes como para que sus miembros del colegio electoral sumen por lo menos 270. Por eso, en 2016, Donald Trump asumió la Presidencia, a pesar de que había perdido el voto popular contra Hillary Clinton. En la última elección presidencial, el candidato republicano sumó 304 electores, mientras que Clinton cosechó 227.

En 48 estados y en el Distrito de Columbia, el partido que saca mayor cantidad de votos a nivel estatal se lleva todos los electores disponibles. Por ejemplo, si el Partido Demócrata es el más votado en Oregon, los siete electores de este estado serán solamente para este partido. Hay dos excepciones, Maine y Nebraska. Estos estados no se rigen por el sistema “el ganador se lleva todo”, sino que asigna sus electores según sus distritos internos.

Si este martes, el Partido Demócrata gana en Nueva York y en el Distrito de Columbia no habrá ninguna sorpresa. Son lugares en los que ha ganado históricamente. Por el contrario, hay bastiones republicanos tradicionales como Oklahoma o Wyoming. Se descarta, por ejemplo, que ahí va a ganar Trump. En los estados seguros como Hawaii para los demócratas o Idaho para los republicanos, no hay apariciones de las principales figuras de la campaña.

Los "swing states", claves para definir la elección

En el medio quedan los estados que en cualquier elección pueden ir para un lado o para el otro. Se los conoce en inglés como “swing states” y por ahí pasa verdaderamente la campaña. Son votos que no están garantizados para ningún partido y entonces, cada cuatro años, allí van los candidatos a tratar de persuadir a los votantes. Ahí se llevan a cabo los actos y las principales actividades de recaudación de fondos.

Florida y Ohio son los swing states por excelencia. El primero da la codiciada suma de 29 miembros para el colegio electoral. El segundo está asociado también con la capacidad de predecir el resultado de las elecciones. Un triunfo ahí solía significar un triunfo en el colegio electoral, pero este año quedó relegado en los análisis y en las campañas. Trump tuvo un solo acto allí en las últimas semanas y el equipo de Joseph Biden prefirió dirigir sus gastos en publicidad hacia otros estados más acordes a su estrategia.

También están dentro de esta categoría Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Arizona y Nevada. Este año, estados que siempre fueron seguros para los republicanos como Georgia y Carolina del Norte ahora aparecen como terrenos de batalla para las campañas. El caso más destacado es Texas. Un triunfo en el gigante sureño no estaba dentro de los cálculos del Partido Demócrata, pero ahora está en juego y nadie se aventura a predecir un resultado.

La selección de los delegados del colegio electoral

La selección de la delegación del colegio electoral depende de cada estado, como muchos aspectos en las elecciones de Estados Unidos. A veces, los partidos hacen convenciones estatales. En otros casos, los senadores y los representantes que pertenecen a cada estado nominan a los electores. También está la opción del voto popular para elegirlos. No hay un método unificado.

Tradicionalmente, los encargados de declarar al ganador de las elecciones son los medios de comunicación. Las cadenas de televisión o la Associated Press tienen equipos de analistas que pueden identificar las tendencias a medida que se cuentan los votos la noche de la elección. Cuando estas son irreversibles, anuncian qué partido gana cada estado. Una vez que pueden sumar 270 electores para un partido, declaran un vencedor.

Este año, con las demoras que se anticipan debido a la gran cantidad de votos por correo, hay chances de que no se conozca una tendencia. Hay estados que procesan las boletas a medida que van llegando. Hay otros, como Wisconsin y Pensilvania, claves para el resultado en 2020, en los que solo empezarán a contar las boletas a partir del martes.

El resultado final del colegio electoral, que es en definitiva el que elige al presidente, llega generalmente un mes después de las elecciones. En ese momento, los electores van al Congreso de Estados Unidos y anuncian a qué candidato le adjudican sus votos. No siempre siguen lo que les dictó el voto en sus estados. En 2016, hubo “electores infieles” que votaron en el Congreso por el senador Bernie Sanders, el ex secretario de Estado Colin Powell, el ex gobernador de Ohio John Kasich y el ex congresista Ron Paul. La activista sioux Faith Spotted Eagle también recibió un voto en el colegio electoral y se convirtió en la primera persona de un pueblo nativo en hacerlo.


Opinión

Elecciones en Estados Unidos: papelón electoral

Por Leandro Morgenfeld
PÁGINA 12 - 05 de noviembre de 2020

Imagen: AFP

En la tarde del jueves Joe Biden incrementó a 11.000 votos la diferencia a su favor en Nevada, el estado que le podría otorgar los 6 votos para alcanzar el número mágico de 270 en el Colegio Electoral. Algunos todavía no dan como totalmente segura su victoria en Arizona (foto, lidera por 68.000, pero falta contar unos 400.000). Mientras el suspenso se estira, la victoria podría llegar por el lado de Pensilvania (la ventaja de Trump se redujo a 115.000 votos, cuando falta más de 500.000 por contar, mayoría de ellos previsiblemente demócratas) o Georgia (Trump lidera por 12.000, y falta contar 50.000, en general de Atlanta, donde Biden es favorito). Mientras tanto, Trump se declara ganador, insistió hoy con las denuncias de fraude, llamó a parar los recuentos de votos y multiplica las impugnaciones judiciales. No sólo no suavizó el discurso que dio en la Casa Blanca en la tensa madrugada del miércoles, sino que muestra que está dispuesto a ir por todo.

Esta estrategia recuerda la que usó Bush Jr. para robarle la elección en Florida a Al Gore hace 20 años -se quedó con los 29 electores de ese estado por la escasa diferencia de 538-, cuando la Corte Suprema resolvió, en diciembre que no se contarían los miles de votos pendientes en ese estado.

Hoy, sin embargo, el presidente estadounidense recibió tres reveses judiciales: los recuentos en Michigan, Georgia y Pensilvania no se detendrán.

En las próximas horas se espera que Biden anuncie que llegó a la mayoría en el Colegio Electoral. La duda es hasta dónde el actual inquilino de la Casa Blanca llevará una disputa que viene pergeñando y anunciando hace meses (“Esto no termina bien”, disparó en el primero de los debates con Biden, el 29 de septiembre). Los antecedentes no son buenos. El 1 de junio ordenó a la Guardia Nacional reprimir a quienes se manifestaban en la capital contra el racismo y la violencia policial, para sacarse una foto con la Biblia en la mano, definiéndose como el presidente de la “Ley y el Orden”. Luego presionó para movilizar a tropas federales en las distintas ciudades donde se multiplicaban las protestas. En agosto, no dudó en romper una ley no escrita y cerró la convención del partido republicano en los jardines de la mismísima Casa Blanca. La semana pasada tomó allí juramente a Amy Barrett, la tercera integrante que colocó en una Corte Suprema que, espera, lo mantenga en el poder a pesar de haber perdido la votación popular por más de 3 millones y medio de votos. Además, se negó a condenar a grupos supremacistas blancos. Asustan las imágenes de milicianos trumpistas marchando por distintas ciudades el día de la elección, haciendo ostentación de sus armas y declarando que no aceptarían que los demócratas transformaran a Estados Unidos en un país socialista.

Ayer, por otra parte, hubo movilizaciones populares en distintos estados reclamando algo que parece elemental y obvio: que se cuenten todos y cada uno de los votos.

En medio de la mayor crisis económica desde los años treinta y de una pandemia que no cede (ayer fue el peor día desde que empezó en marzo, con el récord de más de 100.000 contagios en 24 horas), la polarización social y política –la grieta-, no sólo no cede, sino que se profundiza en forma acelerada.

El mundo está en vilo. Los demócratas aguardan que hoy mismo se confirme su triunfo y que el establishment republicano le ponga un freno a Trump.

Mientras aguardamos la definición del proceso electoral y de la crisis política que acapara toda la atención global, ya tenemos algunas certezas. El sistema electoral requiere una urgente reforma integral –lo reiteró ayer Bernie Sanders-, no hubo ola azul y Joe Biden no generó demasiado entusiasmo (la elección fue un previsible referéndum entre trumpistas y antitrumpistas) y la tensión y la movilización social tendrá que incorporarse como un dato permanente de la política estadounidense. Vista la edad y lo que representan ambos candidatos, es necesaria una renovación política frente a un esquema bipartidista que está en crisis (en parte ya se está produciendo ya que el martes se concretó la llegada al congreso de una nutrida y joven camada de representantes progresistas y de izquierdas, liderada por Alexandria Ocasio Cortéz). Además de un congreso con mayor presencia de la bancada referenciada en el carismático y popular senador Sanders, de confirmarse la derrota de Trump, esto implicaría un enorme alivio par las mujeres, inmigrantes, trabajadores, ambientalistas, afrodescendientes, estudiantes, hispanos, científicos y artistas que desde hace cuatro años vienen luchando contra la agenda regresiva y anti-derechos impulsada por su Administración y por los republicanos.

Por último, si Trump no acepta su derrota, se profundizará la incertidumbre y la crisis institucional iniciada por este caótico proceso electoral, lo cual será otra manifestación del declive hegemónico estadounidense en curso. La incapacidad del gobierno estadounidense de dar respuesta multilateral y coordinada a la pandemia y a la depresión económica global ya había derrumbado este año su imagen internacional. El actual papelón político-electoral profundizará esta decadencia. Las últimas 48hs muestran que cada vez más le costará al viejo hegemón seguir sosteniendo el liderazgo global que supo ostentar en los últimos 75 años.


EE.UU.: Elecciones en medio de la tormenta

por Dan La Botz
4 noviembre 2020 | VIENTO SUR

Elecciones en medio de la tormenta

 [Cuando ya estamos en medio del recuento que se espera para largo, publicamos este artículo enviado pour nuestro colaborador y amigo Dan la Botz, justo la víspera de las elecciones. Volveremos sobre los resultados de la mano de Dan el próximo sábado]
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos se llevan a cabo en unas condiciones previas sin precedentes: En medio de la ola del coronavirus que inunda los hospitales en varios Estados, de las protestas contra la violencia policial en otros y, en algunos lugares, gentes armadas intimidando a las y los electores.
 
En las grandes ciudades, los grandes almacenes protegen sus escaparates y han contratado agentes de seguridad para evitar saqueos e incendios. El Partido Republicano ha presentado docenas de acciones legales en los Estados (cada uno de los cuales tiene diferentes leyes electorales) para tratar de restringir el voto porque un porcentaje elevado de participación electoral favorece generalmente al Partido Demócrata.
 
1000 muertes diarias
El último día de las elecciones era el 3 de noviembre. Debido a un gran aumento de votos por adelantado y de votos por correspondencia, el recuento puede llevar días. Si la votación es apretada, es posible que la elección vaya a los tribunales y llegue al Tribunal Supremo, que ahora tiene seis miembros conservadores contra tres liberales.
 
La competición entre el presidente republicano Donald Trump y el adversario del Partido Demócrata Joseph Biden se ha convertido en un referéndum sobre el coronavirus que actualmente está experimentando su mayor rebrote. Ahora mismo, Estados Unidos contabiliza alrededor de diez millones de casos en total, 100.000 nuevos casos adicionales cada día y 1.000 fallecimientos diarios. El asesor principal del presidente Trump ha declarado: “No vamos a controlar el virus”. Prometió más bien desarrollar rápidamente vacunas y terapias y medicamentos para tratar la enfermedad.
 
Trump ha organizado concentraciones masivas, en su mayor parte sin mascarillas, en varios Estados claves en las que anunció a sus seguidores que el virus está ahora desapareciendo. Un estudio de la Universidad de Stanford ha revelado que 18 concentraciones a favor del Trump habían provocado 30.000 infecciones Covid y 700 fallecimientos. Trump calificó a las personas responsables de la salud pública de “idiotas” y afirmó que las y los médicos atribuyen fallecimientos al coronavirus con el fin de aumentar sus salarios. Por su parte, Biden prometió que si es elegido, trabajará con los científicos para controlar la pandemia.
 
Violencia policial y crisis económica
Las protestas contra el racismo y la violencia policial también se han convertido en un tema de campaña. Trump ha condenado Black Lives Matter como un movimiento violento, exigiendo “ley y orden” y apoyando a la policía. Cuando, el 26 de octubre, la policía de Filadelfia fue requerida por un caso de disputa doméstica, se encontró a Walter Wallace Jr., un hombre con traumas mentales, blandiendo un cuchillo. Cuando éste se dirigió hacia la policía, le dispararon en varias ocasiones y le mataron. Miles de personas negras salieron a protestar, lo que provocó violentos enfrentamientos entre la policía y la comunidad , acompañados de disturbios y saqueos. Trump declaró que las protestas fueron “la consecuencia más reciente de la guerra de los liberales demócratas contra la policía” . Biden ha reconocido el racismo presente en la sociedad y los servicios de policía y pedido una reforma, a pesar de que se opone a la puesta en cuestión de los presupuestos de la policía, la reivindicación principal de las recientes manifestaciones antirracistas.
 
La votación tiene lugar no solo en medio de la epidemia, sino también durante una crisis económica persistente con una tasa de paro oficial del 7,9% (en realidad más elevada debido a un número incalculable de trabajadoras y trabajadores desalentados), es decir unos 12,5 millones de personas en paro.
 
No obstante, para evitar contagiarse y para asegurar que sus votos puedan expresarse y ser contados, miles de personas hacían ya cola el 1 de noviembre para votar en las ciudades del país, con mascarillas y respetando el distanciamiento social. Mi esposa, mis hijos y yo hemos votado así en el Museo de Brooklyn en Nueva York: una cola de miles de personas daba tres veces la vuelta al enorme edificio. La espera es de dos a cuatro horas para hacer oír tu voz. Al anochecer en el museo, gente voluntaria distribuyó pizzas y bebidas a las personas que hacían cola.
 
La cuenta atrás puede durar días o incluso semanas, y entre el 3 de noviembre y el 20 de enero, fecha en la que el próximo presidente asumirá el cargo, esperamos manifestaciones generalizadas y tememos que estalle la violencia. Las milicias pro-Trump se están movilizando para asegurar su elección. Los movimientos sociales y los sindicatos se están organizando para defender el voto y la democracia. Más allá de todo esto, habrá que continuar la lucha por la justicia social.
 
1/11/2020
Traducción: Faustino Eguberri para viento sur


¿Puede Trump resolver en la Corte Suprema el resultado de las elecciones presidenciales?

Publicado: 5 nov 2020 06:42 GMT - RT
El actual presidente señaló estar dispuesto a dirigirse a la Corte Suprema estadounidense para que detuviera "toda la votación", mientras que desde la campaña de Biden prometieron oponerse a los intentos de frenar el conteo.

¿Puede Trump resolver  en la Corte Suprema el resultado de las elecciones presidenciales?
La Corte Suprema de EE.UU.Erin Scott / Reuters

En EE.UU. continúa el recuento de votos y en algunos estados la brecha entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden es tan pequeña que, aunque ya se han procesado casi todas las papeletas, aún no está claro quién se llevó la victoria. 

Este miércoles, Trump declaró que hay "fraude" en las elecciones y señaló que está dispuesto a dirigirse a la Corte Suprema para que detenga "toda la votación" y prevenir que se hallen nuevas "papeletas a las cuatro de la mañana".

La campaña de Biden, por su parte, tachó de "indignante, sin precedentes e incorrecta" esta declaración de Trump y prometió oponerse a los intentos de frenar el conteo de votos. 

Pero, ¿podría Trump realmente resolver el resultado de las elecciones en la Corte Suprema?

Qué tiene que ver la votación por correo con esto

La noche del martes se dio a conocer que Trump ganó en estados importantes como Florida y Ohio, así como en Iowa y Texas. Biden, por su parte ganó en Arizona, Míchigan y Wisconsin. No obstante, aún se esperan los resultados de otros estados clave como Carolina del Norte, Georgia y Pensilvania. 

El conteo se ve dificultado por el hecho de que, debido a la pandemia de coronavirus, un número récord de estadounidenses votaron por correo y las papeletas enviadas el 3 de noviembre tardaron en llegar a las comisiones electorales. Con ello, se sabe que los demócratas eran mucho más propensos que los republicanos a enviar las papeletas por correo en lugar de votar presencialmente el día de las elecciones.

Previamente, los demócratas presionaron para que al menos 10 estados extendieran sus plazos para aceptar papeletas por correo mientras los expertos advertían que los votos enviados cerca del 3 de noviembre podrían llegar demasiado tarde para ser contabilizados, recoge Politico. 

Los republicanos, por su parte, desafiaron estos cambios, argumentando que los funcionarios electorales y jueces locales estaban cambiando las reglas en el último momento, e insistieron en que no había forma de probar que todas las papeletas que llegaran tarde hubieran sido enviadas por correo antes de las elecciones. Como resultado, los republicanos lograron ganar estas demandas en algunos estados, pero en otros no consiguieron hacer prosperar sus quejas, especialmente en Pensilvania, que permite una extensión de tres días para recibir y contar los votos por correo.

El martes, el equipo de Trump estuvo trabajando en demandas para bloquear las papeletas que llegan después del día de las elecciones, a pesar de que ya pidieron sin éxito a la Corte Suprema que rechazara la extensión en Pensilvania. Mientras tanto, los demócratas presionan para que los estados esperen los votos pendientes.

Y en la Corte Suprema, ¿qué?

Trump declaró reiteradamente que los votos no deben contarse después del día de las elecciones. De hecho, durante varios meses el actual inquilino de la Casa Blanca trató de vincular la votación por correo con el fraude y predijo más de una vez que las elecciones terminarían en la Corte Suprema. 

"Muy raro": Trump afirma que lideraba en muchos estados clave, pero luego "uno por uno desaparecieron mágicamente" con el conteo de papeletas sorpresa

En septiembre, Trump nominó a la jueza conservadora Amy Coney Barrett para ocupar el puesto vacante en la Corte Suprema, tras la muerte de Ruth Bader Ginsburg. Entonces, el mandatario declaró que quería que la candidatura para reemplazar a Ginsburg fuera aprobada antes de las elecciones del 3 de noviembre.

La semana pasada, el Senado de EE.UU. confirmó a Barrett como jueza asociada de la Corte Suprema, asegurando así una mayoría conservadora de 6-3 que puede ayudar a Trump en cualquier caso relacionado con las elecciones.

No obstante, la presencia de Barrett en la Corte Suprema no puede garantizarle nada a Trump, ya que la jueza podría abstenerse de escuchar cualquier caso relacionado con las elecciones debido a un conflicto percibido.

Además, la Corte Suprema es el tribunal de apelación de última instancia en EE.UU. y tiene discreción sobre los casos que debe resolver, en gran parte relacionados con las impugnaciones de casos que se escuchan en tribunales inferiores sobre puntos de la ley federal y la Constitución. Por lo tanto, inicialmente se tomarán muchas medidas en los tribunales estatales. 

Cabe destacar que las impugnaciones electorales en los tribunales estatales no son nada nuevo y a menudo tienen poco impacto en el resultado final. Sin embargo, existen excepciones, como el caso de las presidenciales del año 2000, cuando una serie de impugnaciones legales por procedimientos de votación defectuosos en Florida entregó la victoria a George W. Bush a pesar de que inicialmente los medios habían proclamado a Al Gore como ganador en ese estado clave. 

Para conocer la última información sobre el recuento de votos clique aquí


Por los dichos del mandatario sobre fraude y finalización del conteo de votos

El jefe de observadores internacionales acusó a Trump de "abuso de poder"

"Es perturbador que el jefe de Estado norteamericano haya pedido el fin del recuento desde la Casa Blanca", cuestionó el diputado alemán Michael Georg Link.

PÁGINA 12 - 05 de noviembre de 2020

Imagen: AFP

El jefe los observadores electorales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) acusó al presidente estadounidense, Donald Trump, de "flagrante abuso de poder" por haber pedido la interrupción del recuento de votos antes del fin del proceso, y el líder de la misión del Parlamento Europeo calificó de "sin precedentes" la autoproclamación del republicano como ganador.

"Lo que es verdaderamente perturbador, es que el jefe de Estado norteamericano haya pedido el fin del recuento desde la Casa Blanca, es decir, con todos los símbolos del poder a su alrededor, debido a su supuesta victoria, dijo el diputado alemán Michael Georg Link al diario Stuttgarter Zeitung. "Fue un flagrante abuso de poder", agregó.

Asimismo Link afirmó que "las demandas judiciales tardías y las denuncias pobres en evidencias sobre un fraude electoral crearon confusión y preocupación entre autoridades electorales y votantes".

En sintonía, el jefe de la misión del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, David McAllister, desaprobó la anticipada autoproclamacíón de Trump como ganador y la calificó de un hecho "sin precedentes" en la historia electoral de Estados Unidos.

"Lo que hizo Trump no tiene precedentes, no puede proclamarse ganador en pleno conteo", sentenció el alemán McAllister en rueda de prensa citado por la agencia de noticias Sputnik.

Al mismo tiempo, el alto funcionario expresó la confianza de que todas las partes en Estados Unidos reconozcan los resultados oficiales y se logre "evitar disturbios".

Este miércoles por la madrugada, Trump denunció fraude en las elecciones del martes contra su rival demócrata Joe Biden, y horas más tarde su equipo de campaña recurrió a la Justicia para que detenga el recuento de los votos en varios estados que podrían definir el resultado de los reñidos comicios.

El miércoles por la noche, la misión de la OSCE -una organización de la cual Estados Unidos es miembro- calificó las denuncias de Trump de "sin fundamento" y dijo que dañan la confianza pública en las instituciones democráticas".

En un comunicado difundido por su cuenta de Twitter, la organización elogió la votación en Estados Unidos, a la que describió como "competitiva y bien manejada pese a incertidumbres legales y desafíos logísticos".

Pese a los elogios, la misión de la OSCE dijo que "las demandas judiciales tardías y las denuncias pobres en evidencias sobre un fraude electoral crearon confusión y preocupación entre autoridades electorales y votantes".

"Acusaciones sin fundamento de deficiencias sistemáticas, especialmente las del actual presidente, incluso en la noche de las elecciones, dañan la confianza pública en las instituciones democráticas", señaló la misión.

La OSCE encomió las medidas adoptadas por las autoridades electorales en todo Estados Unidos y dijo que contribuyeron a que la participación fuera muy elevada "pese a los desafíos presentados por la pandemia de Covid-19".

La OSCE envió un equipo de 102 observadores a supervisar las elecciones en Estados Unidos, ante una invitación de las autoridades del país. La misión publicará sus conclusiones cuando se haya completado el escrutinio.

En su comunicado, la OSCE dijo temer las consecuencias a largo plazo en la opinión pública estadounidense de la incertidumbre y las dudas que empañaron este proceso electoral, al tiempo que alertó sobre un riesgo de radicalización.

La OSCE, formada por 57 naciones, entre ellos Estados Unidos, Rusia, Turquía y todos los Estados europeos, es uno de los pocos foros de diálogo entre Occidente y los expaíses soviéticos.


Parlamento Europeo: la autoproclamación de la victoria de Trump no tiene precedentes

Donald Trump, presidente de EEUU

© REUTERS / Carlos Barria
15:56 GMT 05.11.2020 - SPUTNIK NEWS

BRUSELAS (Sputnik) — El jefe de la misión del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, David McAllister, desaprobó la prematura autoproclamacíón de la victoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las presidenciales. "Lo que hizo Trump no tiene precedentes, no puede proclamarse ganador en pleno conteo", dijo McAllister.

Al mismo tiempo, el alto funcionario expresó la confianza de que todas las partes en EEUU reconozcan los resultados oficiales de los comicios y se logre "evitar disturbios".

"Estoy seguro de que el sistema estadounidense es bastante sólido para contar cada voto de acuerdo con la legislación", dijo.

El 3 de noviembre Estados Unidos celebró unas elecciones presidenciales en las que los norteamericanos eligieron entre el mandatario republicano Donald Trump y el candidato demócrata Joe Biden.

El recuento de los votos todavía continúa, y de acuerdo con las recientes proyecciones Biden necesita lograr seis votos electorales más para derrocar a Trump.

Sin embargo, el actual inquilino de la Casa Blanca se proclamó ganador de los comicios y acusó a los demócratas de intentar "robar las elecciones". De momento su sede electoral trata de frenar por vía judicial el conteo de los votos emitidos por correo en algunos de los llamados estados bisagra, que son clave para inclinar la balanza de uno u otro lado, así como exigir un recuento de los sufragios en algunas áreas.


Soberbia, ignorancia y un muro: el legado de Trump para América Latina

Publicado: 3 nov 2020 15:33 GMT - RT
Durante su gobierno, caracterizado por el endurecimiento de las leyes migratorias y de las sanciones contra Cuba y Venezuela, el mandatario republicano ha vivido momentos polémicos con sus pares en la región.

El presidente y candidato a la reelección Donald Trump.Foto: Carlos Barria / Reuters

Las presidenciales que se llevan a cabo este martes en EE.UU., que han sido seguidas atentamente por los latinoamericanos, vienen precedidas de una serie de polémicos momentos protagonizados por el presidente Donald Trump y los mandatarios de la región.   

Si bien el candidato a la reelección durante su mandato fijó su atención en América Latina, se limitó a temas como la inmigración y el tráfico de drogas. Sin embargo, intensificó la presión sobre Cuba a través de las sanciones económicas en contra del país caribeño.

Uno de estos episodios de antología ocurrió cuando hace dos años el presidente de Chile, Sebastián Piñera, de visita en la Casa Blanca, le mostró a Trump una imagen de las banderas de EE.UU. y del país suramericano. En la impresión, ambos símbolos estaban fusionados y la bandera chilena se formaba a partir de la última estrella de la estadounidense.

"Chile está en el corazón de EE.UU. Esta es la bandera chilena y esta es la bandera americana", dijo en ese momento Piñera. Aunque era una buena metáfora, la imagen se hizo viral rápidamente y los internautas demostraron de inmediato que los diseños no encajaban.

Su primer viaje oficial al sur

En la cumbre del G20, que se llevó a cabo en Buenos Aires a finales de 2018, en el único viaje oficial de Trump al sur del continente, el entonces presidente Mauricio Macri sufrió un par de desplantes de su par a pesar de la relación personal de vieja data entre ambos líderes.

Los episodios ampliamente reseñados por la prensa ocurrieron cuando el republicano dejó solo a Macri en el momento de la foto oficial y cuando más tarde tiró al suelo su auricular para quejarse por la traducción de la reunión bilateral. 

"Bad hombres" y "países de mierda"

En cuanto a su relación con México, el discurso inflamado de Trump ya había aflorado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando le dijo a su par, en una llamada telefónica difundida por los medios, que enviaría tropas a México para hacerse cargo de los "bad hombres".

Las declaraciones discriminatorias llegaron a su punto más álgido cuando en el Despacho Oval durante una reunión sobre asuntos de inmigración relacionados con El Salvador, Haití y países africanos preguntó: "¿Por qué estamos recibiendo a toda esta gente de países de mierda?".

Trump ha dejado claro durante su Administración, a través del endurecimiento de las leyes migratorias y los acuerdos con otros gobiernos de la región, que los inmigrantes latinoamericanos no son bienvenidos a su país.

Venezuela y Colombia

En cuanto a Venezuela, las tensiones se han intensificado desde que Trump asumió su mandato. Las sanciones contra la nación suramericana para forzar la salida de Nicolás Maduro han marcado las relaciones de ambos países

Las presidenciales de EE.UU. al minuto

Trump, quien considera a Maduro como un "dictador" y que ha reconocido como "presidente encargado" al diputado Juan Guaidó, ha afirmado en distintas oportunidades que "todas las opciones están sobre la mesa" al hablar de una solución para la crisis política en Venezuela.

Por el contrario, su vínculo con el país vecino, Colombia, se ha estrechado durante su mandato a pesar de la recriminación a su homólogo Iván Duque sobre el empeoramiento del tráfico de drogas hacia EE.UU., sin que hasta ahora haya hablado de las políticas antinarcóticos del principal país consumidor de drogas en el mundo.

El estadounidense también ha desarrollado una relación estrecha con su par brasileño Jair Bolsonaro, a quien llaman 'El Trump del Trópico' por tener una visión política coincidente con la del mandatario republicano, cuyo destino en la presidencia se decide este martes.


El crecimiento del fascismo o trumpismo en EEUU

por Vicenç Navarro

Pensamiento crítico

octubre 26, 2020 - PÚBLICO


Trump, este sábado en un mitin en Wisconsin. EFE/EPA/KAMIL KRZACZYNSKI

Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra; Profesor de Public and Social Policy en The Johns Hopkins University y Director del JHU-UPF Public Policy Center

Como consecuencia de haber vivido bajo la dictadura fascista existente en España durante mi infancia y juventud, sé cómo reconocer a un fascista en cuanto lo veo. Y reconozco a Trump, en EEUU, como alguien que encaja en esta definición. Como ocurrió y continúa ocurriendo con el fascismo español, lo que define al trumpismo es un nacionalismo extremo, que considera a los EEUU como una nación designada por Dios para salvar al mundo del comunismo -que supuestamente controla al Partido Demócrata actual-, intentando recuperar un pasado imperial justificado por la superioridad de la raza blanca a la cual, se asume, pertenece la mayoría de la población del país. Tiene un ideario hostil hacia lo ajeno, bien sea inmigrante o alguien de raza o grupo étnico considerado inferior, indigno de ser ciudadano de pleno derecho en esa nación privilegiada. Su movimiento político es profundamente conservador y reaccionario, con una visión machista que se manifiesta en su desprecio hacia cualquier forma de humanismo, en su odio hacia la fragilidad humana y en su visión caudillista del poder, exigiendo fe ciega en el dictador, considerando al Estado como un mero instrumento de poder personal, autoritario y antidemocrático. Se presenta también profundamente religioso de sensibilidad cristiana y beligerante contra el conocimiento científico y, muy en particular, contra el que se centra en áreas de salud pública, sanidad y temas sociales y ecológicos, a los que ridiculiza constantemente. Hay muchísima evidencia que apoya la existencia de cada una de estas características en el discurso y la práctica política de Trump. Y aun así, millones de estadounidenses lo consideran su líder, al que muchos de ellos consideran dotado de poderes sobrenaturales (entre otras cosas, por su supuesta recuperación del coronavirus en solo tres días), que está conduciendo al país hacia un futuro en el que se recuperará un pasado idealizado, que había sido mejor que el presente. Desprecia la democracia y no duda en recurrir incluso a la violencia física y a la represión más brutal para lograr sus fines. No ha desautorizado a grupos armados de ultraderecha que han atacado a grupos en defensa de los derechos civiles y, muy en concreto, a grupos en contra de la discriminación racista.

Y, también como con el fascismo español (más conocido en España como franquismo), el discurso trumpista oculta una enorme ambición por conseguir la máxima riqueza personal posible, utilizando todos los aparatos del Estado a su alcance para su beneficio individual (incluyendo también el de su familia), habiéndose convertido en uno de los presidentes más corruptos que ha tenido EEUU, como ha documentado con gran detalle The New York Times. Se presenta también con un discurso contra el establishment mediático y político liberal, centrado en la administración federal con base en Washington (al que define como "ciénaga pantanosa, llena de podredumbre"), canalizando el enfado de grandes sectores de la población (sobre todo de la clase trabajadora blanca) hacia dicha administración federal, a la cual consideran controlada por una mafia liderada por "negros y feministas radicales" que usan los recursos públicos para coaptar a los dirigentes de los movimientos negros y de las feministas de clase alta representadas por la Sra. Hillary Clinton. Su principal hostilidad política es hacia el presidente Obama y esta excandidata demócrata a la presidencia, la citada Hillary Clinton, a los cuales (junto con Biden) quiere enjuiciar y encarcelar. 

¿Quién apoya a Trump en EEUU?

Lo que es sumamente preocupante es que, según las últimas encuestas publicadas en The New York Times, el 40% del electorado apoya a Trump, apoyo que alcanza unos niveles de movilización activa e incluso agresiva hacia aquellos que no comulgan con sus creencias. Trump ha instrumentalizado el Partido Republicano, radicalizándolo y convirtiéndolo en su propiedad privada. Y lo que es incluso más notorio y preocupante es que el grupo social que le es más fiel y leal es precisamente la clase trabajadora blanca, que constituye la mayoría de la clase trabajadora estadounidense. Según The New York Times, los estadounidenses sin estudios medios y superiores (clase trabajadora) apoyan primordialmente al candidato Trump (a excepción de negros y latinos).

 Aunque las mismas encuestas señalan una ventaja de los que apoyan a Biden, ello no significa que Trump vaya a perder las elecciones. En realidad, no sería la primera vez que un candidato republicano gana las elecciones presidenciales a pesar de haber recibido menos votos que el candidato demócrata. Ello pasó tanto en el año 2000, cuando Bush ganó a Al Gore pese a haber conseguido medio millón menos de votos, y en 2016 cuando Hillary Clinton perdió las elecciones con 3 millones más de votos que Trump. Ello es resultado de varios hechos, siendo uno de los más importantes el que el presidente del país no es elegido por los votos directos de la ciudadanía, sino por el Colegio Electoral, en un sistema muy poco proporcional (en realidad, no tiene nada de proporcional) que premia a unos estados más que a otros. 

Trump puede conservar la presidencia, aunque perdiera las elecciones. Cómo está planeando su estrategia

Otra causa de que Trump pudiera continuar siendo presidente (después de las elecciones del 3 de noviembre, a pesar de haber conseguido menos votos) es, además del sesgo conservador del Colegio Electoral, el dominio que las fuerzas conservadoras ejercen sobre el sistema judicial, que tiene que dirimir quién gana las elecciones a nivel local, estatal (equivalente al gobierno autonómico en España) y federal, cuando hay conflicto entre los dos partidos, el Republicano y el Demócrata, en cuanto al recuento electoral. Trump ya ha dado órdenes a sus seguidores (incluyendo algunos grupos armados) para que estén presentes en los centros de votación para vigilar el escrutinio e interrumpirlo en caso de que se detecten irregularidades. Y a nivel presidencial, es el Tribunal Supremo el que decide y ratifica el resultado electoral. En realidad, este Tribunal Supremo ha intervenido en varias ocasiones para que ganara el candidato republicano. El caso más reciente fue la derrota de Al Gore en el año 2000, que obtuvo más votos que Bush hijo, republicano. En esa ocasión, el Tribunal Supremo falló a favor del candidato republicano, en la lectura sesgada que hizo de los resultados del Estado de Florida, en el que dicho tribunal decidió que el recuento final favoreciera al candidato que sería el presidente más tarde, el Sr. Bush. 

Este sesgo derechista del Tribunal Supremo explica la estrategia que seguirá el Trump derrotado en las elecciones presidenciales, habiendo ya declarado que no aceptará el resultado de las elecciones en caso de que estas den mayoría a Biden, el candidato demócrata, lo que Trump atribuirá a irregularidades y manipulaciones del Partido Demócrata en el proceso electoral. De ahí que Trump haya propuesto llenar la vacante del Tribunal Supremo derivada de la muerte de la juez Ruth Bader Ginsburg, proponiendo como candidata a una juez muy joven, Amy Coney Barrett, profundamente conservadora y católica, que en su discurso a graduados de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Notre Dame, afirmó que "el objetivo de la ley es asegurarse de que se siga la voluntad de Dios en la sociedad". Actualmente, cinco de los nueve miembros del Tribunal Supremo ya son católicos, con lo cual la elección de dicha candidata por parte del Senado, controlado por los republicanos, daría una clara mayoría a los conservadores. La mayoría de la comunidad católica blanca apoya a Trump.

¿Por qué la mayoría de la clase trabajadora apoya a Trump? El surgimiento y auge de la hostilidad hacia el establishment político-mediático del país

Por raro que pueda parecer, es muy fácil de ver y entender este apoyo. En realidad, es bastante parecido a lo que ha estado pasando en muchos países de Europa, incluyendo España. Y como ocurre también en Europa, para entender el auge de la ultraderecha en EEUU hay que analizar y entender lo que ha pasado en las democracias a los dos lados del Atlántico Norte, y el fracaso de las izquierdas gobernantes en los últimos años, resultado de su abandono de la socialdemocracia y su conversión al neoliberalismo.

Esta transformación de la socialdemocracia al neoliberalismo (característica de la Tercera Vía) ha ido ocurriendo masivamente desde el mandato del presidente Clinton. Fue durante su mandato cuando se acentuó la sensación de desengaño de la clase trabajadora estadounidense con el Partido Demócrata (partido que en su día, en tiempos de Roosevelt, se había presentado como The People’s Party -el Partido del Pueblo-). El centro de esta conversión fueron los tratados de libre comercio que facilitaron la globalización económica de las grandes empresas industriales de EEUU.  

Clinton, que había ganado las elecciones de 1992 con un programa relativamente progresista (heredado, en parte, de la campaña de Jesse Jackson –al cual tuve el honor de asesorar– en 1988), cambió y pasó a apoyar la propuesta del presidente Bush de establecer el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), causa de que el Partido Demócrata perdiera las elecciones al Congreso de 1994 (perdiendo a la vez el control del Senado, debido a la abstención generalizada de la clase trabajadora, que se oponía a dicho tratado). Esta política de promoción de la globalización neoliberal (típica de la Tercera Vía que Clinton inició y Blair replicó en la Gran Bretaña) se tradujo en la deslocalización de empresas manufactureras estadounidenses a otros países con salarios mucho más bajos. La pérdida de buenos puestos de trabajo en la industria estadounidense creó una enorme crisis en los barrios obreros industriales de EEUU. Un ejemplo de ello es el mayor barrio obrero blanco de Baltimore, Dundalk (la mayoría de cuyos habitantes trabajaban en la industria siderúrgica), que pasó de ser un barrio con un elevado nivel de vida a un barrio muy pobre cuando los altos hornos de la industria del acero (uno de los principales creadores de empleo de la ciudad) dejaron Baltimore. Hoy es un barrio decadente y pobre. En 2016 sus electores votaron masivamente a Trump y, probablemente, volverán a hacerlo en unos días. Si se pasean por ese barrio estos días, podrán ver posters de Trump por todas partes. 

En 2016, el Partido Demócrata estaba además liderado por la ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, la Sra. Hillary Clinton (referente del movimiento feminista), gran defensora de la globalización neoliberal que ha comportado grandes ganancias de las empresas a costa de una gran pérdida de puestos de trabajo en EEUU. Las elecciones de 2016 fueron precisamente una lucha entre la figura del establishment del Partido Demócrata (un partido liderado por la clase profesional de renta alta, con claras conexiones con grupos financieros como Wall Street), la Sra. Clinton, que había sido la máxima promotora activa de la globalización económica en la Administración Obama, versus el candidato antiestablishment liberal, el Sr. Trump. Ella era la referencia del nuevo Partido Demócrata, que abandonó las políticas de clase (como la redistribución de la riqueza para favorecer a las clases populares a costa de la disminución de los privilegios de las grandes corporaciones financiera y económicas del país), para favorecer las políticas identitarias, encaminadas a la integración de las minorías y de las mujeres (especialmente, las de clase media alta) en las estructuras de poder. Fue en ese momento cuando la clase trabajadora abandonó masivamente el Partido Demócrata. De ahí que muchos barrios obreros blancos que habían votado a Obama en 2012 votaran a Trump en 2016.

El abandono por parte del Partido Demócrata de las políticas de clase, de carácter redistributivo, y su sustitución por las políticas identitarias 

Esta pérdida de la base electoral de la clase trabajadora convirtió al Partido Demócrata en el partido de las clases medias, abandonando a las clases trabajadoras. En realidad, incluso el término "clase trabajadora" prácticamente desapareció del discurso del Partido Demócrata, sustituyéndolo por el de "clase media". Esta transformación se justificó indicando que la clase trabajadora se iba desplazando y subiendo en la estructura social pasando a ser clase media. Esta percepción nunca se correspondió con la realidad. De hecho, si se le pide a la población a qué clase pertenece, hay más estadounidenses que se consideran de clase trabajadora que de clase media. En realidad, en lugar de este "ascenso social" de la clase trabajadora a la clase media, hemos visto lo contrario, el empobrecimiento de grandes sectores de las clases medias que ahora son clase trabajadora, en un proceso definido como la "proletarización de las clases medias", consecuencia de los cambios de las condiciones de trabajo de los grupos profesionales que han ido perdiendo más y más autonomía profesional para convertirse en meros empleados de las grandes empresas. Por otra parte, la pandemia ha mostrado claramente la existencia e importancia de la clase trabajadora, la gente cuyo trabajo no le permitió confinarse, y que contribuyó como ninguna otra a la supervivencia a todos los demás. Ello ha ocurrido en EEUU y en todos los países capitalistas desarrollados.

Han sido las políticas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes de izquierdas las que han causado el gran declive tanto en su militancia como de su base electoral. Los datos así lo muestran. En España, también ocurrió con la conversión del gobierno Zapatero, en su segunda etapa, cuando se aplicaron las políticas neoliberales. En Francia y en Italia, los partidos socialdemócratas casi han desparecido. De ahí que el obrero del cinturón rojo francés que votaba a las izquierdas pasara a votar al Frente Nacional de Le Pen; y que aquí en Baltimore, los trabajadores pasaran de votar al Partido Demócrata a votar a Trump. 

¿Cuál sería la alternativa?

El Partido Demócrata de EEUU no es un partido de izquierdas. Durante muchos años fue próximo a la Internacional Liberal, la misma federación de partidos a la que perteneció durante muchos años Convergència Democràtica de Catalunya o CDC (el partido nacionalista -hoy independentista- mayoritario en las derechas catalanas) y Ciudadanos. No hay en aquel país partidos mayoritarios de izquierda, ya sean socialdemócratas o comunistas. Tales partidos son muy minoritarios y actúan como corrientes dentro del Partido Demócrata, y su fuerza se ve reflejada durante las primarias. El sistema electoral en EEUU no permite un sistema distinto al bipartidista, polarizado entre el Republicano (hoy ultraderecha) y el Demócrata (mayoritariamente liberal con también corrientes de izquierdas). Biden es muy representativo del establishment liberal, y representa una sensibilidad de centro derecha. Es cierto que las izquierdas dentro del Partido Demócrata han aumentado notablemente su influencia, lideradas por Bernie Sanders, un político perteneciente al Partido Socialista estadounidense, que conserva su vocación socialdemócrata, próximo a los partidos socialdemócratas escandinavos. Estas izquierdas han sido muy influyentes durante la campaña electoral, configurando en gran medida el debate alrededor de una serie de propuestas progresistas, como la de establecer un sistema nacional de salud y un cuarto pilar del bienestar, es decir, los servicios de ayuda a las familias. 

Sin embargo, Biden, que es una persona de gran astucia y experiencia política, ha diluido su liberalismo y ha hecho suyas algunas -pero no todas- de las propuestas de Bernie Sanders, hablando explícitamente de clase trabajadora y de la necesidad de cambiar e interrumpir la exportación de puestos de trabajo, dando prioridad a la población nacional y penalizando la dicha deslocalización. El gran interrogante es saber si podrá convencer a la base electoral perdida durante décadas de políticas neoliberales de que su compromiso social es creíble. Ayuda el apoyo que le brinda Sanders, pero lo que está por ver es si los seguidores de Sanders, sobre todo los jóvenes, se sentirán suficientemente interpelados para movilizarse a favor de Biden. En realidad, tanto en 2016 como en esta ocasión, Sanders habría sido el que hubiera podido canalizar el enfado que Trump había conseguido. Las encuestas mostraban que en 2016 Sanders podía haber ganado a Trump, pero el aparato clintoniano del Partido Demócrata destruyó su candidatura. Algo muy parecido a lo que ha ocurrido en 2020.

El futuro de EEUU

El futuro de EEUU se juega en los próximos tres o cuatro meses y depende, en parte, de quién sea reconocido como presidente. Ahora bien, gane o no gane Trump, los próximos meses serán dificilísimos, y no se descarta la posibilidad de que intervengan las fuerzas de seguridad y el ejército en la represión o resolución de las tensiones. Ya intervinieron cuando Trump envió tropas federales para reprimir movilizaciones sociales en varias partes del país. En realidad, algunos sectores de los sindicatos estadounidenses (AFL-CIO) han propuesto hacer una huelga general en caso de que el presidente Trump no respete los resultados de las elecciones del 3 de noviembre, propuesta que podría ser tomada en consideración (leer el artículo "Labor Prepares for Last-Minute General Strike If Trump Tries to Steal Election", Truthout, 22.10.20).

En cuanto al Partido Demócrata, su futuro depende de las movilizaciones sociales que han ido emergiendo para pedir un cambio sustancial en el partido que permita un giro fundamental en sus políticas.

¿Tiene el Partido Demócrata posibilidad de cambiar?

No es nada difícil entender qué es lo que debería hacer el Partido Demócrata para debilitar el fascismo y recuperar el apoyo de la clase trabajadora blanca. En primer lugar, debe promover programas de cobertura universal, es decir, que empoderen social y políticamente a la ciudadanía estadounidense, principalmente mediante el establecimiento de un programa nacional de salud que garantice el acceso a los servicios sanitarios (derecho que aún no existe en EEUU). Este programa debe sustituir el carácter asistencial de las políticas públicas federales, como el Medicaid, diseñado para las familias pobres -también denominadas "familias humildes"-, y las poblaciones vulnerables, que la clase trabajadora cree, erróneamente, que son los negros (en realidad, la mayoría de los pobres son blancos). Es bien conocido que los programas universales (que afectan a todos los ciudadanos y residentes) son más populares que los asistenciales (solo para grupos llamados "humildes" o "vulnerables"), como son la mayoría de los servicios y transferencias del Estado del Bienestar estadounidense (el trumpismo acusa al gobierno federal de ayudar solo a los negros y a las mujeres de rentas altas). Otra medida esencial es el empoderamiento de las clases trabajadoras y el aumento de su capacidad adquisitiva, facilitando una sindicalización hoy muy dificultada por las políticas aprobadas por el Congreso, que deberían ser revertidas. Y, por supuesto, aumentar la inversión pública, tanto en las áreas sociales como económicas, transfiriendo fondos del complejo militar-industrial a los sectores sociales y ecológicos. Que ello ocurra o no va a depender de la relación que exista entre las nuevas izquierdas que se movilizaron a raíz de la candidatura de Bernie Sanders en 2016 y que han continuado en 2020, y la nueva dirección del Partido Demócrata y su aparato liberal, que marcaría los términos del debate político en caso de que ganara Biden. En caso de no prevalecer las nuevas izquierdas, el fascismo o trumpismo continuará vigente e incluso aumentará para desgracia del pueblo estadounidense y de la humanidad. 


¿Adiós Trump?

por Ángel Guerra Cabrera
LA HAINE - 06/11/2020 :: EE.UU.,

No significaría que el nuevo presidente de EEUU sea menos imperialista

Todo indicaría que Joseph Biden tiene asegurada la victoria en las elecciones de EEUU, aunque todavía no haya resultados oficiales cuando escribo. El aluvión de boletas electorales a favor del demócrata es tal que el presidente Trump se ha quedado sin recursos tramposos para impedir la victoria de su rival. Biden, al igual que Hillary Clinton en la elección de 2016, consigue superar ampliamente a Trump en el voto popular, en el que obtiene la cifra más alta de un candidato en la historia: 67.9 millones de sufragios. Se trata también de las elecciones más concurridas desde 1908 con más del 65 por ciento, muy alto para la tradicional apatía estadunidense y que habla de un proceso electoral completamente singular en ese país, probablemente impulsado por la polarización generada por Trump con su racismo vulgar y su talante autoritario.

Para más singularidad, Biden no es un candidato con carisma, que despierte la pasión de Trump en sus seguidores, ni que atraiga especialmente por sus propuestas en política económica y social, demasiado moderadas. Ha sido el voto anti-Trump lo que le ha proporcionado un aluvión de votos y posiblemente lo siente en la Casa Blanca, procedente de un amplio sector de población harto del manejo criminal del tema del coronavirus, de la crisis económica agravada por éste, por la política pro millonarios del magnate y el abuso y la grosería con que se ha desempeñado.

Aunque al cierre de esta nota se siguen contando los votos, ya es altamente probable que el ex vicepresidente tenga en la bolsa estados claves como Arizona, Michigan, Wisconsin y Nevada. No dudo que al final pueda añadir Pensilvania, donde faltaban por contar unos 2 millones de votos. Pero sólo con los sufragios de Michigan, Wisconsin, Nevada y Arizona, además de haber conservado todos los estados que ganó Hillary Clinton en 2016, alcanzaría el número mágico de 270 votos necesario para ganar el colegio electoral. Esto, según el arcaico sistema de voto indirecto estadounidense, que data del siglo XIX.

Al ver venir la derrota, desde hace semanas Trump arreció sus ataques al supuesto fraude electoral misteriosamente oculto en el voto por correo y apresuró que fuera aprobada en el Senado la juez conservadora Amy Coney Barret para integrar la Corte Suprema, según explicó él mismo, para tener más refuerzos en esa instancia si la elección se decidía en ella.

El desenlace a favor del demócrata, desde luego, no significaría que el nuevo presidente de EEUU sea menos imperialista que su antecesor. De hecho, la académica estadunidense Adrienne Pine me hacía antier la observación de que en un estudio de la revista Forbes, la mayor parte de los multimillonarios prefiere a Biden. Y me comentaba, en alusión al clima de rechazo internacional que ha conseguido Trump, ellos no quieren que EEUU continúe siendo un Estado paria. No es bueno para los negocios.

Sin embargo, quedaría un mayor espacio político para el nuevo y pujante movimiento progresista dentro y fuera del Partido Demócrata, del que la estrella ascendente es Alexandria Ocassio Cortez y seguramente disminuirían las tensiones raciales alimentadas por el magnate inmobiliario. Tampoco Biden, si llega a la Casa Blanca, puede hacer mucho para atenuar la crisis de hegemonía de Washington, que Trump ha acelerado, y menos la profunda crisis multifacética, asociada a la anterior, que hace crujir los cimientos mismos del sistema estadounidense. Lejos de agotar el tema de cómo podría ser una política exterior de Biden, puede adelantarse que continuaría el enfrentamiento a China y Rusia, seguramente con menos estridencia, y buscaría restaurar las relaciones con los aliados europeos para tratar de embarcarlos en la aventura antichina. Restablecería el tratado nuclear con Irán, aunque manteniendo las sanciones, y ha dicho que pondrá en vigor de nuevo las medidas de relajamiento del bloqueo a Cuba al nivel que las puso Obama.

América Latina y el Caribe podrían beneficiarse de una actitud más dialogante, que no es poco, sin que el imperio, claro, abandone las pretensiones, que lleva en su ADN, de tratarla como patio trasero. Pero también porque se ve venir la segunda ola progresista que proporcionaría a nuestra América mucha más capacidad de negociación y unidad en el norte revuelto y brutal ante quien sea.

@aguerraguerra


Opinión

La herencia política de Trump

Por Atilio A. Boron
PÀGINA 12 - 04 de noviembre de 2020

Imagen: AFP

Cualquiera que sea el resultado final de esta elección, el de las urnas y el del litigio judicial que seguramente tendrá lugar, hay una conclusión insoslayable y preocupante: el desempeño electoral de Donald Trump fue excepcional para un presidente que es responsable de una tragedia sanitaria como la de la Covid-19 que al momento de escribir estas líneas causó 239.012 víctimas fatales, cuatro veces el número de soldados caídos en la guerra de Vietnam. Malos o mediocres indicadores macroeconómicos en ocupación, salarios, caídas en manufacturas, minería y construcciones que se comparan desfavorablemente con la presidencia de Barack Obama y contrastan con estridencia ante la expansión de los negocios especulativos en Wall Street y las obscenas reducciones en los impuestos a los más ricos.

La beligerancia de Trump: guerra comercial con China, deterioro de la Alianza Atlántica y los bloqueos y sanciones económicas a varios países crearon un clima de zozobra, al cual se unió el estallido de las protestas sociales más multitudinarias y violentas desde 1968 y el vigoroso resurgimiento de la “cuestión racial” catapultada por reiterados guiños desde la Casa Blanca a las policías locales para reprimir con todo el rigor posible a los descontentos, y si eran afroamericanos mejor aún. Sin embargo: ni la vitalidad del “Black lives matter” y todo lo enunciado más arriba alcanzaron para precipitar una derrota aplastante de Trump, como pronosticaban la gran mayoría de las encuestas.

El secreto de este desempeño es la mutación del partido republicano “reformateado” por Trump al ampliar su base social y solidificar un apoyo “plebeyo” del que antes gozara sólo marginalmente. En los ochentas del siglo pasado Ronald Reagan había cosechado un importante apoyo en algunos sectores de las clases populares, pero nada comparable en extensión e intensidad con lo del magnate neoyorquino. En extensión, porque penetró en amplios segmentos de los obreros manuales antes cotos de caza de los demócratas; a ellos sumó a los agricultores más pobres, a la olvidada gente del interior profundo del país y las empobrecidas capas medias

En intensidad, además, porque Trump demostró ser un comunicador excepcional: en los mítines públicos de Estados Unidos no hay mayores registros de multitudes de 30 o 45 mil personas gritando, como en una asamblea de cultos milenaristas, ‘te amamos, te amamos’, como lo consigna un asombrado David Sherfinski en una nota del Washington Times este miércoles. Un demagogo desatado, poseído por una nietzschiana voluntad de poder que exalta como patriotas a los automovilistas que acosaron y bloquearon al bus en que viajaba Joe Biden por Texas; que desafía la legislación electoral y cualquier otra, incluida la tributaria; que se burla de la “corrección política” tan cultivada por sus rivales; que maneja con perversa maestría las redes sociales; que se enfrenta e insulta a los medios concentrados (CNN, el New York Times, el Washington Post y toda la prensa culta), que se construye como el gran defensor del “little guy”, de la gente común, olvidada por el elitismo gerencial de los republicanos tradicionales y el globalismo neoliberal de los demócratas y que cristaliza el apoyo de un imponente bloque social pulsando las potentes cuerdas del resentimiento, el odio, el temor que abren la Caja de Pandora del racismo y la xenofobia; que exalta la perdida grandeza de su país amenazada por los pérfidos chinos que “inventaron al coronavirus para poner a Estados Unidos de rodillas”, grandeza que él se propone recuperar a cualquier precio. 

El principal saldo, por ahora, de esta elección –que será recordada como un parteaguas en la historia política de Estados Unidos y sobre el cual habrá mucho que analizar- es la consolidación de una derecha populista radical pero que ahora, por obra de Trump, adquiere una resonancia de masas que jamás tuvo el Tea Party ni ninguna otra expresión de los republicanos desde la época de Teodoro Roosevelt, a comienzos del siglo veinte y, en parte, Ronald Reagan. Esta es una mala noticia. La buena es que esta construcción gira exclusivamente en torno a su persona y no hay sucesor a la vista. De todos modos, habrá que tener cuidado porque si Trump llegara a perder la presidencia esa masa plebeya y furiosa quedaría huérfana pero, ¡atención con esto!, disponible para nuevas interpelaciones populistas y de derecha de otro líder carismático. Que por ahora no se ve, pero que puede estar al acecho en los pliegues de una sociedad exasperada y enfurecida. 


Punto de Fisión

Banana Republic of USA

por David Torres

noviembre 5, 2020 - PÚBLICO

Trump prometió hacer América grande otra vez sin caer en la cuenta de que el tamaño no indica necesariamente fortaleza, ni magnificencia, ni dignidad, sino que se puede ser muy grande y muy torpe a la vez, muy gordo y muy flojo, más o menos como Donald Trump o como el sistema sanitario de Estados Unidos. Por sí solos, ambos elementos dan bastante pena pero juntos han formado una combinación letal de estupidez e incompetencia, con el presidente clamando a luchar contra el virus chino, desautorizando a los médicos en público o recomendando a sus ciudadanos que tomaran desinfectante o se inyectaran lejía en vena.

Tras una gestión de la pandemia que oscila entre el disparate y la catástrofe, parecía que Trump estaba abocado a perder las elecciones por una mayoría aplastante, aunque nunca hay que subestimar el peculiar gusto del pueblo estadounidense por llevar la contraria a las encuestas. Al igual que cuatro años atrás, cuando se presentaba contra Clinton, prácticamente nadie daba un duro por el mamarracho que actualmente ocupa la Casa Blanca, pero el mamarracho (arropado por un formidable equipo de troleros, savonarolas y fabricantes de paparruchas) debe saber muchas cosas que desconocen los politólogos, los intelectuales, los universitarios, los expertos en campaña y los periodistas veteranos de la CNN y del New York Times. De otro modo, no se explica que a estas alturas la pelea por la presidencia entre Trump y Biden siga pendiente del voto por correo y de una apretada pugna en los estados de Arizona, Nevada y Georgia.

Puestos a hacer las cosas a lo grande, como le gusta a Trump, nadie gana a los estadounidenses, que lo mismo compran Alaska, que montan la Superbowl, que los Playoffs de la NBA, que una superproducción de Hollywood, que el circo de tres pistas de las elecciones presidenciales. Ha pasado más de un día desde que se cerraron los colegios electorales y puede que pasen varios más antes de que se conozcan los resultados definitivos, pero Trump dio por buenos los primeros escrutinios, que le daban cierta ventaja, y dijo a gritos que no merecía la pena seguir contando votos. Se proclamó vencedor a sí mismo desde la noche del miércoles, en realidad desde semanas atrás, como si esto fuese una de esas pantomimas de lucha libre en las que participó en otro tiempo y no un combate de boxeo que va a decidirse a los puntos. No es que no sepa perder: es que no sabe ni ganar, el tío.

En la nación más mecanizada del planeta, capaz de enviar una sonda más allá de Plutón, de insertar un microchip en el cerebro o de arrasar una aldea a dos mil kilómetros mediante un dron, todavía se usa la tecnología del dedo y la estampilla a la hora del recuento de votos. Parece mentira el trabajo que les lleva contar cuatro papeletas. Si la gente normal pierde la paciencia, no digamos Trump, que es un bebé hipertrofiado con acceso al botón nuclear. En los mensajes de twitter con los que ha ido caldeando el recuento hora a hora, está claro que no va a aceptar perder de ninguna manera: exige que paren de contar votos y habla de fraudes y serpientes del mismo modo que el año pasado por estas mismas fechas calificó el impeachment contra su mandato de "golpe de estado". En su cuenta personal se llama a sí mismo "realDonaldTrump", para diferenciarse de parodias e imitadores, aunque ninguno de ellos alcance siquiera a rozar el grado de demencia abismal que le arrebata cuando se pone a teclear caracteres. En caso de perder la Casa Blanca, siempre le quedará el consuelo de proclamarse presidente vitalicio de Twitter.

La democracia de última generación consiste en declararse vencedor sin necesidad de enojosos trámites legales, como Napoleón se autoproclamó emperador en 1807 o Guaidó presidente de Venezuela el año pasado. Por lo demás, el circo romano de las elecciones estadounidenses resulta tan complejo y grotesco que este año se ha dado el caso de que en Dakota del Norte ganó un candidato que llevaba muerto varias semanas, una anomalía que trae de cabeza a los expertos, ya que hay papeletas por correo que pueden enviarse 40 días antes de que se abran los colegios electorales. Quizá por eso Trump haya preferido adelantarse a los acontecimientos, levantando su propio brazo en señal de victoria antes de que lo sentencien difunto. Sin embargo, que un político gane unos comicios después de muerto parece sacado de una novela de García Márquez o de una de esas repúblicas bananeras en las que, como dijo el maestro Alvite, la Constitución es la receta de la piña colada. Una última encuesta asegura que el 48% de los votantes cree que el covid está bajo control en el territorio estadounidense: el 52% restante piensa que es Donald Trump el que sigue descontrolado. Lo que está asegurado es el espectáculo: gane quien gane y hoy por hoy Estados Unidos es la república bananera más grande del planeta.


¿De qué democracia están hablando?

por Aram Aharonian
LA HAINE -  08/11/2020

El virus del trumpismo en el mundo. Los mayores fraudes, golpes de Estado y genocidios de los últimos 200 años se han realizado en nombre de la sacrosanta democracia

La que pareciera ser el escudo protector de los intereses de las grandes empresas trasnacionales y su cohorte de políticos y gobernantes de nuestro mundo tan poco occidental como cristiano.

En cada pantalla de televisión del mundo, en todos los idiomas, uno puede ver al aún presidente estadounidense Donald Trump desarrollando su plan lleno de mentiras y amenazas (fakes) en vivo y en directo en nombre de la democracia.

Se proclama vencedor sin serlo y denuncia fraude electoral por si el voto por correo le da la victoria a Joe Biden, impugna las elecciones en los estados donde pierde y si los tribunales estatales aceptan, apela al Supremo, donde acaba de asegurarse amplia mayoría y completa su golpe mientras envía a su masa fascistoide a intimidar a quienes protesten. 

Desde el gabinete presidencial se ha difundido el bulo, la mentira, de que la izquierda quiere derrocarlo con un golpe de Estado en las calles, construyendo el relato para justificar su maniobra y su previsible represión. Pero hay que entender el sistema deductivo: en realidad no existe tal izquierda, pero para ellos todo el que no vote a Trump es de izquierda o terrorista.

Trump y los republicanos entienden que su mejor respuesta es suprimir el voto en una democracia que gobiernan sin gozar del apoyo de una mayoría. Esta no es una contienda normal, sino un referendo sobre el ocupante de la Casa Blanca. O como repite el senador demócrata Bernie Sanders, sacado de la contienda antes que se volviera demasiado peligroso, es una elección entre la democracia y Trump.

Sólo un presidente republicano ha ganado el voto popular desde 1988. Trump ganó con 46 por ciento en 2016 y nunca ha logrado obtener 50 por ciento de apoyo durante su gestión. No sería la primera vez que los republicanos y el poder militar y empresarial impidan asumir al ganador de unas elecciones (George Bush contra Al Gore, Trump contra Hillary Clinton). Nadie descarta el fraude trumpiano: para ganar hace cuatro años requirió la ayuda de los rusos.

Pero llamar progresista de centro-izquierda a Biden y sus huestes demócratas es un atropello a la inteligencia. Las grandes empresas que apostaron por cualquiera de los dos candidatos asisten con nervios a ver cuál de sus mandados será el presidente en un escenario difuso, electoralmente hablando. El que está ganando y ganará es el gran capital.

Ambos (Trump y Biden) se proclaman presidente en un sistema electoral complejo, hecho a medida para que las minorías o cualquier movimiento social y político que nazca de las raíces del pueblo, sea abortado, ahogado, sin posibilidad alguna de acceder a las instituciones que están perfectamente acorazadas y armadas por un capitalismo imperialista que ambos, demócratas» y republicanos practican desde hace un siglo.

Más allá de todo, queda la reflexión de los más de 65 millones de personas que votaron a Trump aún sabiendo de su ideario y prácticas fascistas. No solo es la América profunda, sino también la superficial. Trump, el presidente más antidemocrático de la historia estadounidense, conecta con las clases populares más que los expertos, encuestas y los liberales.

El fascismo vuelve a ser la respuesta a la incertidumbre de mucha gente como ocurrió en los años 1930 en Europa. “Te vendo miedo al otro para que compres mi seguridad. Por eso aunque pierda, el trumpismo seguirá, porque él es el síntoma, la enfermedad es el neoliberalismo que provoca las desigualdades”, nos recuerda Javier Gallego en eldiario.es.

Y aunque pierda y Biden logre asumir, deja un tsunami global, basado en la legitimización del odio –machismo, homofobia, racismo, clasismo-. Es una guerra contra el progreso y la igualdad en la que la clase dominante lanza a la clase trabajadora contra sí misma para mantener el orden vigente. Tu enemigo es el pobre, el inmigrante, el okupa, las feministas, los homosexuales, no el empresario que los explota y explota el planeta.

Impuso en estos cuatro años de gobierno, la cultura del matonismo fascista en su discurso político hacia dentro y hacia afuera y le dio carta blanca a los violentos y fascistas del mundo para intimidar no sólo a sus oponentes sino también a los diferentes. Es el niño abusador del colegio, el matón que desaloja a los pobres de los pisos de su padre, el histrión mussoliniano que triunfa en la tele.

Ha banalizado el mal. No ha tenido empacho en lanzar a las masas contra la prensa, contra las mujeres, contra los supuestamente rojos, contra los negros, contra los progres. Incendia las calles para expulsar al disidente, limitar las libertades, imponerse. Y, lamentablemente, su modelo “democrático” es imitado en muchos países europeos y, también latinoamericanos.

Ha popularizado la hegemonía de la mentira, con falsedades, bulos o bolas, (fake-news al por mayor), en una propaganda fascista multiplicada por medios de comunicación y redes sociales, en manos de pocos grandes empresarios. Al igual que en la época del nazifascismo, creó hegemonía engañando, enfrentando, polarizando.

David Sherfinsky señala en el Washington Times, que se trata de un demagogo desatado, poseído por una nietzschiana voluntad de poder que exalta como patriotas a los automovilistas que acosaron y bloquearon al bus en que viajaba Joe Biden por Texas; que desafía la legislación electoral y cualquier otra, incluida la tributaria; que se burla de la “corrección política” tan cultivada por sus rivales.

Indica que maneja con perversa maestría las redes sociales, que se enfrenta e insulta a los medios concentrados (CNN, el New York Times, el Washington Post y toda la prensa “culta”), que se construye como el gran defensor del “little guy”, de la gente común, olvidada por el elitismo gerencial de los republicanos tradicionales y el globalismo neoliberal de los demócratas y que cristaliza el apoyo de un imponente bloque social pulsando las potentes cuerdas del resentimiento, el odio, el temor que abren la Caja de Pandora del racismo y la xenofobia.

El discurso de Trump exalta la perdida grandeza de su país amenazada por los pérfidos chinos que “inventaron al coronavirus para poner a EEUU de rodillas”, grandeza que él se propone recuperar a cualquier precio. 

Sí, fue capaz de negar el coronavirus aunque haya matado “apenas” haya contagiado a 10 millones de personas y matado a 235 mil en su propio país. Impunemente denigra la ciencia y la verdad científica para imponer sus “verdades alternativas”. Mentir sirve para conseguir –y mantener- el poder. De eso se trata.

Lamentablemente, el trumpismo no se acaba con Trump. Se ha convertido en una fuerza traslocal, en el símbolo del ultranacionalismo de derecha, del negacionismo científico y climático, numen de los conspiranoicos. 

El escenario de la crisis del coronavirus ha sido propicio para los populismos ultraconservadores. La que estamos librando –aunque nuestros “grandes pensadores” ni se hayan dado cuenta- es una batalla cultural que evite el retroceso al pasado, en un mundo que gracias a Trump y al coronavirus, no es ya ni será el mismo.. 

Hace 15 años, en Mar del Plata, cinco presidentes latinoamericanos (de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) gritaron “ALCArajo”, haciendo trizas el patoteo de Bush y el proyecto del Área Económica de las Américas, de Miami a Tierra del Fuego. Vale la pena recordarlo.

CLAE


"Es falso que con Biden el mundo será mejor"

Joe Biden, candidato presidencial por el Partido Demócrata. 4 de noviembre de 2020
© AP Photo / Carolyn Kaster
América del Norte
17:47 GMT 05.11.2020 - SPUTNIK NEWS
Por Karen Méndez Loffredo

"Nuestros mejores días aún están por venir". Ese fue el eslogan de campaña del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre de 2020. Pero, ¿mejores días para quién?, ¿cambiará en algo la política exterior estadounidense si los demócratas recuperan la Casa Blanca?

Por primera vez desde 1900 Estados Unidos registra un nivel tan alto de participación en unas elecciones. Aproximadamente un 67% de los estadounidenses convocados han participado en estos comicios presidenciales que enfrentan al ex vicepresidente Joe Biden y al actual mandatario, Donald Trump.

Dentro y fuera de Estados Unidos se sigue con expectación los resultados finales. 

"Nosotros estamos viendo la pelea de dos grupos de poder sin escrúpulos, cada uno con sus procedimientos y métodos, pero con una intención final, firme y manifiesta que es sostener lo que ellos llaman la nación indispensable a costa del sufrimiento de todos nosotros. Y esa es una realidad que no cambia ni con unos ni con otros, por eso decimos que hay que salir de esa zona de confort, hay que dejar la flojera mental porque es falso que con Biden el mundo será mejor, que Trump es un loco, desquiciado, que tiene principios de esquizofrenia y que psicológicamente no está capacitado para ejercer la presidencia de EEUU. Es una narrativa pura y dura para el consumo de las grandes masas ignorantes que son instrumentalizadas para un fin o para otro", asegura Gustavo Borges Revilla, analista político venezolano y director del portal Misión Verdad.

Hasta el momento no se sabe quién gobernará Estados Unidos durante los próximos cuatro años. El candidato demócrata, Joe Biden, indirectamente ya se da por ganador, mientras que el presidente Donald Trump también asegura haber ganado, denuncia fraude y adelantó que buscará en la Corte Suprema el recuento de votos en estados clave.

"El objetivo de todo esto va a ser, o podría llegar a ser, presentar a la presidencia de Biden como un gobierno ilegítimo por una gran parte de la sociedad estadounidense. Eso va a traer dos efectos: primero una división interna, tensión, ya veremos hasta qué punto puede llegar a ser violenta; y segundo, que la propia tensión va a obligar al Partido Demócrata a irse hacia la derecha. También esa división puede tener una influencia en la proyección internacional de EEUU porque si hay un clima de enfrentamiento dentro de EEUU, ¿cómo va a afectar eso a la intervención exterior?, ¿va a estar más debilitada?, ¿va a ser más agresiva?, ¿qué va a pasar?", se pregunta el periodista español Rafael Poch de Feliu, quien fue durante varios años corresponsal del diario La Vanguardia en Rusia, China y Alemania.

Tanto Borges como Poch de Feliu consideran que la política exterior estadounidense no variará sustancialmente gane o pierda Biden. Aseguran que lo único que diferencia a los demócratas y a los republicanos son las formas, los métodos porque, en el fondo, ambos aspirantes saben que hay líneas rojas que no se pueden pisar, como la "línea militarista".

"Una cosa muy curiosa han sido las declaraciones de un alto ejecutivo de Boeing diciendo que no le importaba quién ganara en estas elecciones. Yo creo que el complejo militar industrial tiene bien claro que, gane quien gane, la línea militarista, que está estructuralmente incorporada a la economía norteamericana, va a continuar", agrega Poch de Feliu.

El historial

Si bien Biden ha sido presentado como un político comedido, con una amplia trayectoria política, que se enorgullece de sus orígenes modestos y que con paciencia debe enfrentarse a Donald Trump. Lo cierto es que muchos no olvidan el papel que jugó Biden cuando fue vicepresidente de Barack Obama entre 2009 y 2017.

"En esa época se fundó la forma de intervenir países, de bombardear países con el sistema de drones, cómo vimos nosotros en aquella fallida oleada de supuestas buenas intenciones para liberar a Libia del dictador Muamar Gadafi, que terminó siendo un territorio fragmentado, dividido, en guerra civil, confrontado, donde no hay ley, donde no hay gobierno y donde campea y se extienden por todo el territorio una serie de milicias que están confrontadas entre sí mismas y donde ahora mismo hay un mercado de esclavos a cielo abierto, literalmente, donde se compran y venden seres humanos", apunta Borges.

El golpe de estado contra el presidente hondureño Manuel Zelaya, el apoyo a manifestantes en Ucrania, las guerras en Siria, Libia y la firma de un decreto que declaró a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de EEUU, son solo algunos ejemplos de las acciones de la administración Obama-Biden.

"Ahí hay una manifestación exacta de lo que sería la política del Partido Demócrata. Hay una política bien definida, hay un diseño de intervención en los países a través de la doctrina de cambio de régimen, de la intervención de los países en función de los métodos y procedimientos de las revoluciones de colores, que nosotros vimos sucesivamente en los años en los que gobernaban los demócratas", sostiene Borges Revilla.

"El inicio de la guerra en Siria se pensó, diseñó y ejecutó en la gestión Obama-Biden, aquel escándalo de espionaje de la NSA a países como Brasil, el espionaje a la presidenta Dilma Rousseff, a la misma canciller Ángela Merkel, la profundización de las tácticas y procedimientos de la guerra híbrida también fueron una obra del período del gobierno demócrata Obama-Biden, la destrucción desmedida, vergonzosa e inhumana de Yemen orquestada por Arabia Saudita en coordinación con el Gobierno Obama-Biden. Es decir, tenemos una cantidad de elementos para analizar, entender o adelantarnos a escenarios de lo que sería una gestión del Partido Demócrata en el poder", apunta Borges Revilla.

¿Qué esperar?

Por todo este historial de los demócratas, son muchos los que dentro y fuera de América Latina se muestran escépticos de un posible cambio en la política exterior estadounidense.

"En América Latina no podemos esperar otra cosa sino agresiones, intentos de dominación, explotación, maltrato, asfixias, cerco y, ahora, con una nueva etapa de profundización del bloqueo no solo a Venezuela, sino a Cuba y, muy probablemente, ahora a Nicaragua y a Bolivia", alerta Borges Revilla.

Sobre China, Poch de Feliu tampoco cree que variará la política estadounidense. Asegura que la tensión con el gigante asiático "va a quedar exactamente igual, es decir, con una enorme virulencia".

"Eso está clarísimo que se va a mantener igual. Es decir, estamos entrando en la dinámica de tensión, de guerra tecnológica, de provocación militar, de un juego sucio inusitado en lo económico, en la detención de la ejecutiva de Huawei. En los últimos años en EEUU se han dado cuenta que China simplemente ha crecido como potencia, ha crecido demasiado y que en los ámbitos tecnológicos ya está planteando unos desafíos insuperables y, a partir de aquí, la única receta que tienen, porque no tienen una estrategia para el futuro, es una reacción de fuerza, mostrar su músculo militar. En eso es en lo que estamos ahora", explica Poch de Feliu.

"Porque quien está definiendo y va a definir el futuro de esta confrontación es la capacidad que tenga China de establecer nuevas alianzas, no solo en África, no solo en el eje asiático o en el este de Europa, sino en todo el continente europeo y, en una medida, un poco menos dramática, en América Latina. Y ahí podemos entrar en el análisis de ¿por qué Venezuela? porque Venezuela fue el país que inauguró la nueva zona de influencia de China en función de relaciones de beneficio mutuo y, a partir de ahí, se abrieron nuevas perspectivas de asociación de otros países que, probablemente son antagónicos a nuestra postura de principios, por no decir ideológica, pero que de alguna manera ya están consolidando su relación comercial con China y en menor medida con Rusia", agrega Borges Revilla.

Serguéi Lavrov, canciller de Rusia
© Sputnik / Servicio de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia
¿Y qué pasará con Rusia? Se preguntan algunos. Poch de Feliu no es muy optimista y prevé que la llegada de los demócratas podría significar una mayor beligerancia contra Rusia.

"La agresividad hacia Rusia puede incrementarse un poco más. Lo hemos visto todos estos años con la leyenda de la intervención electoral de Rusia en la campaña, la inquina de Hillary Clinton. Todo ese capítulo es bastante ridículo teniendo en cuenta lo que es la intervención extranjera en EEUU, empezando por Israel, continuando con las monarquías del Golfo, Arabia Saudita en primer lugar. En esa línea, pues Rusia está muy por detrás y si ha tenido alguna influencia, porque todos los países influyen, todas las potencias influyen o quieren influir en las elecciones del adversario, la rusa ha sido pequeña, pero ha sido demonizada con una campaña de tipo macartista y ridícula si se tiene en cuenta lo que ha sido la injerencia de EEUU en la política rusa desde los años 90 hasta el día de hoy: financiando propaganda, promocionando candidatos, recordemos los créditos millonarios del FMI a Yeltsin, recordemos cómo muchos decretos de privatización se redactaban en la Casa Blanca, cosas que no tienen parangón ni ningún paralelismo con lo que pueda haber hecho Rusia", sostiene Poch de Feliu.


Opinión

Elecciones en Estados Unidos: el gatopardismo de Biden

Por Telma Luzzani
PÁGINA 12 - 08 de noviembre de 2020

Nadie duda de que cuatro años de gobierno de Donald Trump fueron catastróficos para América latina. Desde la aplicación de una Doctrina Monroe recargada, anunciada en febrero 2018 por el entonces canciller Rex Tillerson en la Universidad de Texas, hasta el golpe de estado en Bolivia en noviembre de 2020. Desde la desembozada injerencia para que Mauricio Macri fuera reelegido presidente de Argentina, hasta el permanente acoso a Venezuela, incluyendo el intento de magnicidio contra su presidente, Nicolás Maduro, el 4 de agosto de 2018.

Pero ¿un gobierno de Joseph Biden será menos perjudicial para América latina? Si se observan las decisiones nefastas que, durante casi 40 años de carrera, el demócrata adoptó contra los intereses de nuestra región, se concluye que no.

Durante la Guerra de Malvinas, como senador presentó ante el Congreso norteamericano la resolución de apoyo de EEUU al Reino Unido. Cuando una periodista de la CBS le preguntó si “el Senado estaba involucrándose más en el bando británico, Biden respondió sin titubear: “Mi resolución busca definir de qué lado estamos y ése lado es el británico. Los argentinos tienen que desechar la idea de que EEUU es neutral”. Justificó esa parcialidad citando el acuerdo de EEUU con la OTAN (abril de 1949) pero olvidó un pacto previo, firmado entre todas las naciones del continente casi dos años antes (septiembre de 1947), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que, en su artículo 3 dice claramente que “un ataque armado contra un Estado americano es considerado un ataque contra todos y en consecuencia el continente entero se compromete a ayudar”.

Hay abundantes pruebas del belicismo de Biden a lo largo de su extensísima carrera como senador (1973-2009). El caso más emblemático fue la guerra contra Irak en 2003, bajo el gobierno del republicano de George Bush Jr. En ese momento, los demócratas controlaban el Senado y según explica el columnista norteamericano, Mark Weisbrot, en The Guardian, “Biden hizo mucho más que simplemente votar a favor de la guerra”. “Como presidente de la comisión de relaciones exteriores del Senado, él debía elegir a los 18 expertos que analizarían el tema. Eligió todos a favor de la invasión y respaldó argumentos falsos como la existencia de armas de destrucción masiva y la presencia de Al Qaeda en Irak aunque el gobierno de Saddam Hussein era probadamente secular”. (https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/feb/17/joe-biden-role-iraq-war) Weisbrot concluye: “Biden debería explicar el rol que jugó en esa guerra desastrosa”.

En el sitito “The intercept”, John Washington analizó en detalle las políticas que, durante décadas, adoptó Biden para América latina y llegó a la conclusión de que difícilmente el demócrata vaya a revertir el daño que Trump hizo a la región. (https://theintercept.com/2020/04/18/trump-latin-america-foreign-policy-joe-biden/). Entre otras acciones ejecutadas por Biden, analiza el Plan Colombia (otro proyecto siniestro); sus vínculos con la DEA y sus presiones para que se aprobaran las reformas neoliberales en ese país.

En cuanto al tema de los migrantes, durante la campaña 2020, Biden se mostró dolido por los 545 niños, separados de sus padres, que siguen encerrados en las jaulas que mandó construir Barack Obama, cuando él era su vicepresidente. En 2014, no era tan compasivo. Según demuestra “The Intercept”, Biden se refirió públicamente a los nenes centroamericanos que estaban en la frontera méxico- norteamericana como “esa peligrosa oleada de inmigración”.

Por otra parte, hay que preguntarse si Biden, en el que caso de querer retomar la agenda en política exterior de Obama, está en capacidad de hacerlo. Aún en el caso de tener la correlación de fuerzas necesarias, parece difícil.

Trump asumió la presidencia de un imperio en declinación e intentó, como alternativa, un nuevo paradigma. Para eso, pegó un volantazo de 180 grados y encaró el cierre del ciclo abierto en 1945, cuando un EE.UU. victorioso construyó la arquitectura de un nuevo orden mundial que estructuró el mundo en las últimas siete décadas.

Hacia adentro y hacia afuera, Trump operó transformaciones profundas de difícil reversión. Sólo en política exterior rompió el acuerdo nuclear con Irán (según él “el peor de la historia de EE.UU.”); deshizo la aproximación con Cuba; rechazó el Acuerdo de París sobre cambio climático; se retiró de la UNESCO y rompió relaciones con la Organización Mundial de la Salud.

Una a una, Trump fue mellando las organizaciones internacionales de posguerra: sacudió los cimientos europeos de la OTAN (a diferencia de Biden se negó a apoyar la cláusula por la cual los socios de la organización se defienden mutuamente de agresiones externas); ninguneó el G7 y criticó fuertemente la inoperancia y burocracia de la ONU calificándola como “un club para pasársela bien”.

En el plano económico es tal vez donde el tsunami pegó más fuerte. Congeló los tratados económicos globalistas por considerarlos “horribles”; se retiró de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, entre EEUU y la Unión Europea); canceló el Transpacífico (TTP, acordado por Obama con 12 naciones) y reestructuró el acuerdo de libre comercio con Canadá y México. Alentó el Brexit y el quiebre de la Unión Europea. Dejó inoperante a la Organización Mundial del Comercio y en el Banco Interamericano de Desarrollo impuso, por primera vez, un presidente norteamericano.

En el plano diplomático y militar (sólo por nombrar algunos de los muchos cambios profundos) acordó con los talibanes en Afganistán y el Pentágono se está retirando tanto de allí como de Irak y Siria. Para Israel y Oriente Medio lanzó el polémico Acuerdo del Siglo para rediseñar la región. ¿Cómo volver atrás de todos esos cambios?

Biden asumirá como presidente de un país atravesado por diversas crisis internas, movilizaciones sociales que llegaron para quedarse y pérdida de liderazgo en un escenario internacional complejo. Esa es, tal vez, nuestra gran oportunidad. Aunque la naturaleza de las políticas demócratas no sea afín a nuestros intereses, esta coyuntura histórica puede ser la ocasión para retomar con entusiasmo nuestra agenda de integración y el destino que la Patria Grande se merece.


Bolsonaro opina sobre las elecciones de EE.UU. y denuncia una "injerencia de otros poderes" para mover a América del Sur a la izquierda

Publicado: 3 nov 2020 15:13 GMT - RT
El presidente brasileño sostiene que los comicios estadounidenses "influyen en la geopolítica global y la proyección del poder".

Bolsonaro opina sobre las elecciones de EE.UU. y denuncia una "injerencia de otros poderes" para mover a América del Sur a la izquierda
Jair Bolsonaro durante el anuncio de los resultados del estudio clínico Covid-19 en el Palacio Planalto en Brasilia, 19 de octubre de 2020Adriano Machado / Reuters

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se ha pronunciado sobre las elecciones presidenciales en EE.UU. que se están desarrollando durante este martes. "Es innegable que (...) despiertan intereses globales, en particular, porque influyen en la geopolítica global y la proyección del poder", ha dicho el mandatario brasileño.

Bolsonaro ha añadido que "existe una fuerte sospecha de la injerencia de otros poderes en el resultado final de las urnas" y ha manifestado la creencia de que en su propio país, "sobre todo por su potencial agrícola", pueden sufrir una "interferencia externa decisiva" para conseguir una "política interna afín a esos poderes" en las próximas elecciones de 2022.

El presidente brasileño ha ido más allá y ha sostenido que "no se trata solo de Brasil", sino que se debe investigar más "sobre por qué y quién" está produciendo el movimiento de América del Sur hacia la izquierda ideológica.

"Nuestro mayor bien, la libertad, sigue amenazada", ha concluido en un hilo de Twitter, medio en el que se prodiga habitualmente el político brasileño, en el que también ha sostenido que la seguridad alimentaria hace que algunos países pretendan "dominar la propia Amazonía como una prioridad".

EE.UU. enfrenta este martes una jornada electoral en la que se decidirá quién será el futuro presidente del país, a la par que se renovará un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. En esta batalla se enfrentan el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, con el candidato demócrata, Joe Biden.


El apoyo abierto de Bolsonaro a Trump incomoda a excancilleres

Por Dario Pignotti | 28/10/2020 | Brasil - REBELIÓN

Fuentes: Página/12 (Argentina) [Jair Bolsonaro durante su visita oficial a los EEUU en compañía de Trump. Créditos: Alan Santos/PR. Fotos Públicas]

No hay registro, al menos en la historia reciente, de un mandatario brasileño deslumbrado por un ocupante de la Casa Blanca al punto de ponerse él y su familia al servicio de la campaña electoral.

«Jesús ampara a nuestro presidente Jair Messias Bolsonaro (..) envía ángeles para protegerlo y bendice a las naciones aliadas como Estados Unidos». Después de escuchar la oración de un pastor evangélico Bolsonaro saludó al grupo de simpatizantes que lo despidieron con aleluyas en la mañana de este lunes en el ingreso a la residencia oficial, el Palacio de Alvorada.

A una semana de las elecciones norteamericanas el bolsonarismo más acendrado, que tiene su núcleo en el clan familiar formado por el gobernante y sus hijos, secundado por un grupo de evangélicos sionistas y activistas de ultraderecha, está entregado en cuerpo y alma a la victoria de Donald Trump a pesar de que éste no aparezca como favorito en las encuestas y haya tenido un desempeño modesto en su último debate frente a Joe Biden el jueves pasado.

Poco antes del duelo de los candidatos presidenciales norteamericanos en Nashville, en Brasilia Bolsonaro anunciaba su voto apasionado por Trump. «Desde el primer instante que tomé contacto con el señor presidente Donald Trump nació entre nosotros un sentimiento de cooperación, espero comparecer a la posesión del presidente que en breve será reelecto, no puedo esconder esto, lo digo de corazón, pero no quiero interferir» en la campaña electoral.

Lo afirmó en el Palacio Itarmaray, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, un par de horas depués de recibir al consejero de Seguridad Nacional norteamericano, Robert O´Brien con quien analizó algunos «temas reservados» de la agenda bilateral acerca de los cuales no brindó detalles. Pero se infiere que en ese temario puede estar relacionado con la seguridad y defensa sudamericanas, con sus fronteras cada vez más calientes desde que Bolsonaro llegó al Planalto.

La semana pasada el presidente y el funcionario estadounidense, que visitó Brasilia y San Pablo, dispararon críticas contra China y la empresa de ese país Huawei, líder en tecnología para transmisión de datos 5G.

Bolsonaro llegó a decir en esos días que no permitirá la inmunización en masa con la vacuna Coronavac, contra el coronavirus porque procede de China, el país donde se habría engendrado la dolencia, una fake news calcada del discurso electoral trumpista.

El respaldo explícito dado a la reelección de Trump no tomó a nadie por sorpresa (lo había manifestado varias veces en los últimos meses) , pero al parecer incomodó a algunos diplomáticos de carrera respetuosos de valores arraigados en la política externa brasileña, como el principio de la no injerencia en asuntos internos de terceros países.

No hay registro, al menos en la historia reciente, de un presidente brasileño deslumbrado por un ocupante de la Casa Blanca al punto de ponerse él y su familia al servicio de la campaña electoral desde hace casi dos años.

El diputado Eduardo Bolsonaro, operador internacional de su padre, se paseó por Washington luciendo un gorrito con la frase «Trump 2020» a fines de 2018.

Este alineamiento incondicional será un pasivo nada fácil de revertir en caso de que Joe Biden sea electo dentro de ocho días. Prácticamente no existe interlocución con el Partido Demócrata desde donde suelen dispararse críticas contra Bolsonaro por su política de derechos humanos y ambiental, como lo hizo el propio Biden en el anterior debate frente a Trump.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata, no tuvo un hueco en su agenda para recibir a Bolsonaro en su primera visita oficial a Washington marzo de 2019.

Poco después , en abril del año pasado, el también demócrata alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, definió al brasileño como una persona «peligrosa» y «no grata», repudio al que se sumaron activistas de la comunidad LGBT y defensores de la Amazonia.

Es verdad que cada presidente tuvo sus preferencias en los comicios norteamericanos: en los neoliberales años 90 Fernando Henrique Cardoso simpatizaba con Bill Clinton. Y en la década pasada Luiz Inácio Lula da Silva expresó, con sobriedad, su inclinación por el candidato demócrata Barack Obama frente al general republicano John McCain. Pero nadie derrapó en la devoción que Bolsonaro cultiva por Trump.

Se trata de una actitud censurada por los excancilleres Celso Lafer y Francisco Rezek, que sirvieron a los gobiernos derechistas de Cardoso y Fernando Collor de Mello y Celso Amorim, el diplomático responsable de la política externa » altiva y activa» durante los dos mandatos lulistas , entre enero de 2003 y diciembre de 2010.

Lula declaró a fines de octubre de 2018 , cuatro días antes de los comicios norteamericanos, que «de la misma forma que Brasil eligió a un metalúrgico, que Bolivia eligió a un indígena (Evo Morales) y Venezuela a Hugo Chávez (..) creo que sería extraordinario que en la economía más grande del mundo un negro fuera electo presidente». Fue durante una visita a La Habana, donde repudió el bloqueo estadounidense contra Cuba, firmó con Raúl Castro un contrato para que Petrobras busque petróleo en el Golfo de México y conversó largo con Fidel.

El comportamiento del actual presidente está en las antípodas de Lula: convirtió a Brasil en un gendarme a través del cual Washington hostiliza tanto a Cuba como a Venezuela, y es posible que en breve haya lo propio contra el inminente gobierno del presidente boliviano Luis Arce.

El mes pasado el secretario de Estado, Mike Pompeo, aterrizó en el estado amazónico de Roraima, en la frontera con Venezuela, donde el funcionario se pronunció por deposición del presidente Nicolás Maduro.

La actitud de Pompeo y el gobierno brasileño, por darle cobertura, motivaron una reunión extraordinaria en el Senado donde parlamentarios reprobaron que Roraima se haya convertido en una tribuna al servicio de la «campaña» electoral de Trump, destinada al estado de Florida, donde hay un electorado antichavista.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/301837-el-apoyo-abierto-de-bolsonaro-a-trump-incomoda-a-excanciller