El 68 comenzó en Praga // La Primavera de Praga y los consejos obreros (1968/1969) // Manifestaciones y protestas de 1968 cumplen 50 años // “El 68 fue real, existió, pero no cambió el sistema” // Mayo de 1968: en Uruguay Pacheco desafiaba al pueblo aplicando “medidas de seguridad” // Wall Street sufre otra sesión de espanto y el Dow Jones se hunde un 4,15% // "Trump no es nada más que el resultado de la brutalidad capitalista que el 'Che' tanto repudiaba" // Estados Unidos, modelo racial de la Alemania nazi // La "montaña de deuda secreta" de la Unión Europea // URUGUAY: Los militares, la justificación del pasado y la defensa corporativa: vino viejo en odres nuevos // Productores autoconvocados por Whatsapp: la piqueta fatal del progresismo por Ricardo Viscardi
Hace cincuenta años, el 5 de enero de 1968, Dubcek
reemplazó a Novotny como jefe del Partido Comunista checoslovaco. Más
que una revolución de palacio, es el comienzo de la "Primavera de
Praga". Como el sol, 1968 se levanta al Este, con la promesa de un
"socialismo con rostro humano", el de una dinámica de autogestión
encarnada por los consejos obreros. La Guerra Fría parecía hundirse en
un año en el que todo era posible, desde la Ofensiva del Têt en Vietnam,
Mayo del 68 en Francia, el Movimiento contra la Guerra y por los
Derechos Civiles en EE UU y el Viejo Topo de la revolución reaparecia en
las luchas anticapitalistas, antiburocráticas y antiimperialistas. Sin Permiso comienza con estos artículos la conmemoración del 50º aniversario del 68.
La Primavera de Praga y los consejos obreros (1968/1969)
Robi Morder
"Praga solo conmovió a la opinión revolucionaria en la semana de su caída". (Gilles Martinet, Los Cinco Comunismos).
Los
cambios ocurridos a principios de 1968 en el seno del Partido comunista
checoslovaco, sustitución de Novotny por Dubcek al frente del Partido
comunista en enero, después por Svoboda en la presidencia de la
Federación en marzo, no se reducen a una revolución de palacio. La
"sociedad civil" puesta en marcha aprovechó la ocasión: abolición de la
censura, libertad de expresión y, dentro de las mismas empresas,
nacimiento de los “consejos de empresa” o "consejos obreros" que van a
multiplicarse y coordinarse principalmente después del 21 de agosto de 1968 hasta el final de 1969.
I- La civilización en la encrucijada, Checoslovaquia en el semáforo rojo
Crisis económica y reformas en la década de 1960. A
principios de la década de 1960, las dificultades económicas se
reflejaron tanto en la disminución del ingreso nacional bruto como en
los salarios nominales y reales. "El culto al plan" se pone en
entredicho (Radoslav Selucki, 1963). Se intenta una reforma económica,
que da un mayor protagonismo a los directores de empresa, empresas más
autónomas en una planificación ahora indicativa. Los bloqueos en el
partido, el aparato del estado, y sobre todo en los organismos
económicos y de planificación llevan al 13º congreso del PCT, en 1966, a
constituir, además del equipo de Ota Sik encargado de la reforma
económica, una "Comisión Estatal de gestión y organización". Se trata de
darle más importancia a la "participación obrera". Los reformadores
deben buscar el apoyo de otras fuerzas sociales, y algunos de ellos no
tienen la intención de simplemente reemplazar a los burócratas por
tecnócratas. Paralelamente, a partir de 1963, año del tercer congreso de
escritores que denuncia el culto a la personalidad, una cierta
liberalización política, limitada pero real, aporta algunos cambios:
presos políticos liberados, rehabilitación de los condenados en los
procesos de la década de 1950, facilitación de los viajes al exterior,
modificaciones del código laboral. Estos procesos, impulsados por la
dirección y una parte del aparato del PCT, con el apoyo de los
intelectuales, disminuyen la rigidez burocrática en la vida cotidiana de
los grupos sociales. El trabajo y los trabajadores en la era de la revolución científica y tecnológica. Checoslovaquia
disponía ya de un proletariado desarrollado en el período de
entreguerras. El componente obrero, fuerte en 1947 (53%) aumenta
ligeramente (57.6% en 1970), mientras que el número de empleados se
duplica al mismo tiempo (de 16% a 31.7%). La industrialización ha
provocado intensas migraciones hacia las ciudades, alimentando en
particular a la industria pesada. En 1970, los 3.800.000 trabajadores se
encuentran principalmente en la industria, mientras que la otra
(pequeña) mitad se divide entre la construcción (11%), los transportes
(8%), el comercio (5%) el sector agrícola-forestal (10%) y otros (12%).
Las estadísticas confirman una promoción obrera real, y una parte no
negligible de antiguos trabajadores se ha integrado en el aparato de
gestión, lo que no significa gestión obrera. En 1963, de un total de
11.941 gerentes y adjuntos, sólo 2.822 tienen una educación superior,
una situación criticada por los reformadores que lo ven como una gran
debilidad del cuadro dirigente. Bajo la dirección del filósofo
Radovan Richta, un equipo multidisciplinario de 45 especialistas,
constituido por iniciativa conjunta del Comité Central del PCT y del
presidente de la Academia de Ciencias, hace público en 1966 un resumen
de su obra, titulada La civilización en la encrucijada. En el
centro de este libro, la "revolución científica y técnica" (RST) y sus
consecuencias en la sociedad. La RST revierte la tendencia a la
parcelación de tareas de la revolución industrial, la automatización
elimina la carga de trabajo simple y transforma el trabajo complejo. Con
la "revolución terciaria", la transformación del trabajo humano en
actividad creativa implica una "revolución de las habilidades" y una
"revolución en la educación". Es necesaria una transformación radical de
los sistemas organizativos y de mando y reducir la dicotomía entre
dirigentes y dirigidos. De una manera distinta de la que existe en los
países capitalistas. La RST debe utilizarse con fines humanos. El equipo
de Richta se centra en el desarrollo de la formación y las
cualificaciones, para poner en práctica modelos de gestión basados en la
iniciativa humana, que conciernen no solo a las empresas, sino a la
sociedad en su conjunto .
II- 1968/1969: luz verde a los consejos obreros
Durante
1968 y 1969, la participación en la gestión y el lugar de los
trabajadores en el sistema político se mantienen estrechamente
vinculados. El "proceso desde abajo" se impone, con objetivos
estructurales que modifican cualitativamente los procesos de reformas. La experiencia del movimiento obrero La
experiencia de la clase trabajadora checoslovaca es rica. En agosto de
1944, los sindicalistas desempeñan un papel importante en la creación de
nuevas instituciones. Se da por supuesto que los comités de empresa han
de desempeñar un papel en el control de la producción y la gestión de
las fábricas. Sin embargo, pierden rápidamente toda independencia.
Después de la toma del poder por el Partido Comunista, la función
reivindicativa de los sindicatos se convierte en instrumento de
movilización de los trabajadores para la producción. Se preconiza el
"esfuerzo del trabajador" como forma de "participación de los
trabajadores en la gestión". En principio, los órganos sindicales de la
empresa gozan de amplias atribuciones (preparación del plan, celebración
de convenios colectivos, opinión sobre las inversiones). Las decisiones
de la dirección empresarial se someten a la aprobación del sindicato
(sobre salarios, horas de trabajo, bonos, contratación, despido,
clasificación de trabajadores en distintas categorías). Pero estos
derechos están de hecho sujetos a las directivas emitidas por el
gobierno. El director de la fábrica generalmente es elegido por el
Estado, es decir, por el partido en el poder. En virtud de su "papel
dirigente", la célula del partido suplanta a la sección sindical. Primeros aires primaverales en las fábricas Después
del aparato, después de los intelectuales y los estudiantes, es el
turno de los trabajadores. La autogestión es un tema de discusión en las
fábricas. En abril de 1968, el PCT adopta un programa de acción que
anuncia el principio de la autogestión de la propiedad social (y ya no
del Estado) sin definir sus contornos. Presionando a la dirección, la
base sindical se moviliza. A partir de mediados de mayo, se reúnen los
comités y las asambleas para preparar una ley sobre la "empresa
socialista". Estallan huelgas contra la incompetencia de algunos líderes
empresariales. A principios de junio comienzan a establecerse consejos
en las fortalezas obreras de CKD-Praga (fábrica W. Pieck) y en Skoda
Plzen. Partiendo de problemas materiales y económicos, el
movimiento de los consejos toma una dimensión política: la participación
democrática tanto en la empresa como en la sociedad. Por un lado, los
economistas y los directores, apoyados por los órganos dirigentes del
partido y del gobierno, no piensan atribuir a los consejos más que
poderes limitados en un sistema de cogestión, para crear un clima
favorable a la racionalización de la gestión y al aumento de la
productividad El partido utiliza el término "consejos de empresa" más
bien que el de "consejos obreros". Se afirma otra concepción de
inspiración autogestionaria. Los consejos deben elaborar por sí mismos
los objetivos de producción. Con una visión más política, los
partidarios de la autogestión abogan por la coordinación de los consejos
como expresión independiente del movimiento obrero. El 8 de
junio, el Gobierno formula los "principios provisionales para la
constitución de consejos obreros", discutidos en una reunión nacional
consultiva de los sindicatos el 20 de junio, publicado el 30 de junio de
1968 en el diario Rude Pravo. Los trabajadores se consideran ahora como
"productores y co-empresarios socialistas” involucrados en la
elaboración de la política económica. No se prevé la existencia de
consejos en los servicios públicos. Los sindicatos piden que se elimine
cualquier referencia a "órganos superiores". El 30 de junio, unas
directivas autorizan la constitución de consejos "a título
experimental", lo que comienza a materializarse durante el verano. El movimiento de los consejos crece después de la intervención soviética Con la invasión del territorio el 21 de agosto de 1968, el proceso se acelera y se politiza. El
congreso clandestino del PCT se pronuncia a favor de una concepción más
bien autogestionaria. El 23 de agosto, una huelga general de protesta
contra la invasión moviliza a los trabajadores. La dinámica de unión
entre la "izquierda política", las estructuras obreras y los estudiantes
se pone en marcha. En las fábricas, los trabajadores y los sindicatos
amenazan con recurrir a la huelga si el comité central, que se reúne el
14 de noviembre de 1968, condena la política de antes de agosto. Los
estudiantes, por su parte, van a la huelga en noviembre en base a los
"diez puntos", entre los cuales: el rechazo de la "política de
concesiones" a los soviéticos, el restablecimiento de los consejos. En
las empresas se manifiesta de diversas formas la solidaridad con los
estudiantes: folletos, sirenas, envío de mociones, resoluciones
sindicales, colectas de dinero e incluso paros breves de trabajo. En el
congreso de la federación metalúrgica (900 000 miembros), los 1200
delegados ratifican un acuerdo alcanzado con el sindicato estudiantil. Los
consejos se multiplican: 19 en septiembre, 120 a fines de 1968, a pesar
de la prudencia del gobierno que estima el 24 de octubre que no resulta
útil continuar este experimento. En enero de 1969 en la fábrica Skoda
en Pilsen, las delegaciones de 182 grandes empresas que representan a
890.000 empleados, o sea, más de una cuarta parte de los trabajadores de
Checoslovaquia, se reúnen en un encuentro consultativo. Rudolf Slansky,
hijo de uno de los condenados en los juicios de Praga de la década de
1950, propone establecer un comité asesor de los consejos. El movimiento
continúa. El Congreso de Sindicatos se reúne del 4 al 7 de marzo de
1969 y pide la legalización de los consejos obreros, presionando a su
vez al gobierno para que apruebe la ley referente a la empresa
socialista, y para que condene la intervención del Pacto de Varsovia. En
junio de 1969, más de 300 consejos están en funcionamiento, en verano
de 1969 hay más de 500 empresas y más de un millón de trabajadores
involucrados. De la cogestión a la autogestión. Los
estatutos reales de los consejos a menudo exceden las recomendaciones
de los líderes del Estado y del partido. Se llevan a cabo encuestas
sociológicas. Los representantes electos del personal de la empresa
constituyen en general entre 2/3 y 4/5 de los miembros del consejo. A
veces, incluso los miembros externos son elegidos por el conjunto del
personal. Los consejos se eligen por sufragio universal y por
votación secreta. En según que casos, para ser elegido hay que cumplir
ciertas condiciones de conocimiento de la empresa y de antigüedad, que
varía de 2 a 5 años. El consejo debe estar compuesto por representantes
de todas los sectores de actividad de la empresa. Lejos de tener solo
atributos de asesoramiento, todos los estatutos reservan al poder
integral del consejo: el nombramiento y el despido del director, el
nombramiento de otros miembros de la dirección de la empresa. En algunos
casos, el poder del consejo se extiende a otros asuntos relativos a la
gestión. Muchos prevén un derecho de veto de los consejos respecto a
numerosas cuestiones más allá de las grandes inversiones. El 25%
de los miembros electos tienen una educación general, el 50%, estudios
secundarios (pero solo la mitad los han terminado) y el 25% proviene de
la educación superior. La mayoría de los empleados electos son los
técnicos (más de dos tercios), mientras que los obreros representan solo
una cuarta parte de ellos, siendo principalmente obreros calificados.
Esta sub-representación de los obreros podría interpretarse como una
falta de confianza en sí mismos. Sin embargo, la presencia significativa
de trabajadores cualificados, técnicos, era un argumento de
"competencia" en contraposición a los adversarios de la autogestión que
predecían grandes pérdidas y dificultades a causa del diletantismo, es
decir, la supuesta irresponsabilidad de la masa de obreros sin
educación, como si el nombramiento de directores por parte del aparato
político, administrativo y económico del Estado hubiera sido una
garantía de competencia. Obstáculos y frenos Según
las encuestas, los asalariados del aparato sindical, especialmente los
que ejercían sus funciones desde hacia más de diez años, son críticos
respecto a los consejos obreros, lo que les distingue de los militantes y
“jóvenes funcionarios” sindicales. Hay que recordar que el aparato
sindical ha sufrido una profunda renovación. Al principio lenta, se
acelera después de la intervención soviética. A finales de 1978, el
70-80% de los dirigentes sindicales habían sido reemplazados En
busca de un compromiso con los soviéticos, la dirección dubcekiana,
frena. El comité central había confirmado en enero de 1969 el programa
de acción de 1968, pero en febrero de 1969 el plan del gobierno condujo a
una forma limitada de cogestión (solo un tercio de representantes
electos obreros, derecho de veto otorgado al Estado y a los directores). El
3 de abril se restablece la censura. El 17 de abril, Dubcek se ve
obligado a abandonar el liderazgo del PCT, Husak le sucede. El 29 de
abril de 1969, el Consejo Nacional Checo anuncia la postergación de la
discusión del proyecto de ley a una fecha indefinida. El 31 de mayo
Cernik, primer ministro, abandona la autogestión industrial. No habrá
ley sobre consejos. El sindicato estudiantil es disuelto en junio
de 1969 y los comités sindicales sufren verdaderas purgas. En la fábrica
Skoda, el consejo decide disolverse en noviembre de 1969. Durante el
año 1970, 50,000 sindicalistas fueron cesados de sus funciones. En
septiembre de 1970, el sindicato de escritores se disolvió. En el
Partido Comunista, la purga llega a medio millón de miembros. A
fines de 1969, el comité central "normalizado" del PCT, estimando
demasiado amplias las competencias de los consejos y demasiado elevado
el número de trabajadores de las empresas en su seno, consideran que han
debilitado el trabajo y la eficiencia de los directores de las empresas
. Algunos consejos habrían seguido "tendencias extremistas y
anarquistas" debilitando el papel del Partido. Ciertamente, la
"abolición del Estado" y la autogestión siguen siendo los "objetivos",
pero son "metas distantes". Como evoca Vercors en "El viaje en
invierno", mientras tanto el partido se "sacrifica" para asumir las
tareas ingratas. "La autogestión y sus grandes responsabilidades
tomarían a los obreros demasiado tiempo y demasiada energía intelectual,
privándolos del ocio que necesitan". Los consejos se extinguen de buen o
-más frecuentemente- mal grado. Temiendo una restauración del
capitalismo en el Tercer Mundo, muchos partidos y gobiernos, como en
Cuba, aprobaron la intervención soviética en nombre de su rechazo a
debilitar el "campo socialista". Un maoísta italiano, Marco
Maccio, en Los Tiempos Modernos en abril de 1969, aún condenando la
intervención, criticó las reformas de la primavera checoslovaca que la
arriesgaban a reinsertarla , como Yugoslavia, en el mercado mundial. En
Occidente, y particularmente en Francia, se hablará poco de esta
experiencia, exceptuando las corrientes intelectuales, políticas o
sindicales ya partidarias de las tesis autogestionarias. En 1968, la
revista El hombre y la sociedad, publica incluso un número que reagrupa
varios textos de sociólogos checoslovacos, incluidos los de Richta. Yvon
Bourdet, Pierre Naville, Victor Faye y otros militantes o próximos a la
CFDT, al PSU, opositores del PCF o miembros de corrientes "marxistas
revolucionarias" publican algunos artículos. La revista Autogestión le dedica contribuciones, luego un número especial. En la prensa militante, como Bajo la bandera del socialismo, la Internacional o Comuna
(periódicos de la Alianza Marxista Revolucionaria, o de los Comités
comunistas para la autogestión) se (re) publican en los años setenta y
ochenta, a título de "documento" los estatutos del consejo de la empresa
CKD- fábrica W Pieck, que también se publican en la revista Autogestión
y en el libro Praga, la revolución de los consejos obreros, publicado
en 1977. En el partido comunista francés y sus disidencias, Roger
Garaudy, que había utilizado la expresión "primavera de Praga" en 1963,
con ocasión del congreso de escritores, retoma ampliamente la
experiencia checoeslovaca, a partir de la revolución científica y
técnica y los textos de Richta, en El gran giro del socialismo,
publicado en 1969. Pero todo esto permanece en círculos restringidos.
Sin duda, la experiencia autogestionaria de 1968/1969 fue más "discreta"
y se encontró "acallada" entre la gran duración del modelo Yugoslavia,
por una parte, y las huelgas obreras y luego la formación de Solidarnosc
y su programa de autogestión en la década de 1980. En la misma
Checoslovaquia, la experiencia alimenta reflexiones como las de Petr Uhl
en El socialismo encarcelado. En 1977, un tercio de los mil firmantes
de la “Carta 77” eran obreros. La caída del Muro de Berlín y la
"revolución de terciopelo" han permitido la restauración de las
libertades políticas. Pero la llegada de inversionistas extranjeros se
ha visto acompañada de la liquidación de los viejos derechos de los
asalariados y de sus representantes. De las ideas de la primavera del
68, la del mercado ha subsistido perfectamente, pero amputado de la
propiedad social y de la autogestión, que eran entonces inseparables del
mismo. BIBLIOGRAFÍA Números especiales de revistas: "Sociología y renovación checoslovaca del pensamiento marxista", L’Homme et la société, No. 9, julio - septiembre de 1968. "Consejos obreros en Checoslovaquia", Nº especial Autogestion et socialisme Nº 11-12, marzo-junio de 1970. Recopilación comentada de documentos:
Jiri Pelikan, Le congrès clandestin, protocole secret et documents du XIVe congrès extraordinaire du parti communiste tchécoslovaque, Le Seuil, Paris, 1970.
Pierre Broué, Ecrits à Prague sous la censure, août 1968 – juin 1969 , (cap V, « Conseils ouvriers et autogestion »), EDI, Paris, 1973.
Jean-Pierre Faye, Vladimir Claude Fisera, Prague, la révolution des conseils ouvriers, 1968-1969, Seghers / Laffont, París, 1977.
Karel Bartosek, "reunión inesperada en Checoslovaquia (octubre de 1968 - junio de 1969)", en Fejtő François y Jacques Rupnik, Le printemps tchécoslovaque 1968 Ed.
Complexe, Bruselas, 1999. (especialmente las contribuciones de Jaromir
Veprek sobre la reforma económica y de Andre Gauron sobre la política de
Ota Sik).
José y Vladimir Fišera, "cogestión empresarial y la economía socialista, el experimento de Checoslovaquia, 1967-1970" Revue de l’Est, Vol 2, No. 1, CNRS, París, 1971.
Gilles Martinet, Les cinq communismes, Le Seuil, colección puntos, París, 1974.
Robi
Morder, "Praga, una Primavera en invierno, Consejos obreros y
autogestión en Checoslovaquia, 1968/1969", en Genevieve Dreyfus Armand
(coord), Les années 68, un monde en mouvement, BCID, Syllepse 1968.
Jacques
Rupnik, "La clase obrera checoslovaca", en "Estructuras sociales en
Europa del Este (2. Transformación de la clase obrera)", Notes et études documentaires N ° 4.511 a 4.512, 10 de mayo de 1979, Documentation française, París , 1979
Radovan Richta, La civilisation au carrefour, Antrhopos, París, 1969 (reimpreso en Seuil, colección política, 1974)
Rudolf Slansky, "Los primeros pasos de la autogestión en Checoslovaquia", Autogestion, No. 7, diciembre 1968.
Petr Uhl, Le socialisme emprisonné, La Brèche, París, 1982Petr Uhl, "Reformar desde arriba o democracia desde abajo", L’homme et la société, No. 2-3, 1988 (nueva serie No. 88-89)
"La revuelta de Praga contra Moscú no fue un fenómeno aislado". Entrevista
Petr Uhl
Opositor
marxista checoslovaco, condenado en dos ocasiones (a 4 años de cárcel
en 1969 y a 5 años en 1979), firmante de la Carta 77 y fundador del VONS
(Comité para la Defensa de los Perseguidos Injustamente), Petr Uhl es
actualmente periodista en Praga. La Primavera
checoslovaca parece ser un contratiempo con respecto a la evolución de
los países del Este: en 1968 la liberalización de Polonia de 1956 ya es
historia y todo parece controlado y encauzado; en la URSS Kruschev ha
sido destituido y reemplazado por Brézhnev-Kosyguin, lo cual pone fin a
la desestalinización desarrollada en el XXº y el XXIIº Congreso del
PCUS; en Hungría la liberalización económica real aparece tras la
represión masiva de 1956-1958… y puede por tanto estabilizarse al margen
de cuestiones políticas ¿Cómo explicas esta excepción checoslovaca? Petr Uhl:
No veo estos acontecimientos (la llegada de Dubcek y la revuelta de
Praga contra Moscú, sobre todo a partir del verano de 1968) como un
fenómeno aislado. En la URSS Brézhnev-Kosyguin aún representan un ala
más bien reformista en relación con Souslov y Andropov (por aquel
entonces). Los soviéticos se vieron obligados a retomar el camino
conservador con la intervención en Checoslovaquia, lo cual significaba
la caída de la corriente reformista en la URSS. Hasta el momento había
ciertas tendencias dirigidas a frenar la liberalización, pero en mi
opinión es en agosto de 1968 cuando se produce la ruptura en la URSS. La
Primavera checoslovaca es fruto de un proceso que comienza en nuestro
país tras la muerte de Stalin y que se interrumpe durante un tiempo por
los eventos revolucionarios en Hungría y Polonia y por la represión que
les sigue. El movimiento reaparece en 1963, cuando los reformistas –los
liberales– llegan progresivamente al poder en el seno del PC. Recuerdo
que en este período de 1963-1968 (yo venía de terminar mis estudios
universitarios) cada mes se producía un cierto alivio, una pequeña
liberalización en el ámbito de los viajes, de la cultura, de la
información… El régimen policial era mucho más flexible. Se trataba de
una liberalización real que duró varios años. El año 1963 es un año
decisivo, porque se forma el nuevo gobierno de Jozef Lenárt. En este
sentido, 1968, con la cuestión eslovaca y los conflictos internos del
PC, es fruto de un proceso que se gesta durante varios años. Este
proceso desbordó la puesta en escena del Partido. El pueblo comenzó a
auto-organizarse y a luchar por sus intereses. Hasta el momento era el
Partido quien definía los límites y toleraba esto o aquello. En la
Primavera de 1968 la iniciativa pasó progresivamente a los estudiantes, a
los sindicalistas, a los artistas e incluso a los trabajadores. No se
trataba del pueblo en abstracto, sino de sectores concretos de la
sociedad que expresaban sus propios intereses y de los que, en cierta
manera, se hacían eco en el aparato del Partido. En la
Primavera checoslovaca hay varias corrientes: la de los liberales del
aparato del Partido, pero también la corriente más democrática,
compuesta en gran parte por estudiantes e intelectuales, y que se centra
sobre todo en la cuestión de la censura… Petr Uhl: Para ser históricamente exactos, habría que decir que la abolición de la censura fue una decisión del presídium del
Partido y no tanto una reivindicación primaria de los estudiantes y los
intelectuales ni una decisión del aparato. Es el propio Partido el que,
el 29 de febrero de 1968, decide no aplicar más la censura preliminar.
En aquella época la división no tenía lugar entre los que estaban y no
estaban en el partido. Las fracturas se producían en otra parte. Había
un grupo de conservadores pro-soviéticos, casi todos del Partido, pero
eran una minoría. La mayoría se encontraba, en cambio, alejada de estos
asuntos: algunos eran más audaces, otros eran menos valientes, pero
todos querían conseguir la democracia por el camino de la
democratización, es decir, por la vía del compromiso, el consenso etc.
No creo que hubiera diferencias políticas entre, por ejemplo, los
estudiantes y el aparato. Por aquel entonces yo era bastante activo en
el movimiento estudiantil, y recuerdo que teníamos contacto con el
aparato del Partido en Praga. Se trataba, por tanto, de la misma
voluntad, de las mismas perspectivas. Las diferencias se encontraban en
otra parte: entre los pro-soviéticos y los demócratas, entre los que
eran políticamente activos y aquellos que aún conservaban cierta apatía. No
hay que olvidar los movimientos populares de 1968 y también de 1969,
porque durante los meses posteriores a la intervención, los valores y
las instituciones se habían conservado; incluso había instituciones
–sindicatos, asociaciones de artistas o la asociación de rumanos
(gitanos)– cuyas estructuras habían sido creadas tras la intervención
militar. Se trataba, en cierto sentido, de una Primavera prolongada. En el Partido, el momento más desarrollado fue el congreso clandestino después de la intervención… Petr Uhl: Sí,
pero aun estábamos en un momento de impulso inicial, justo después de
la intervención. Aquello de lo que vengo hablando se produce más tarde,
después de diciembre de 1968. Seguía sin haber censura y se presionaba
cada vez más, sobre todo en mayo y junio de 1969. En diciembre de 1969
fui arrestado y enviado a prisión durante 4 años. Me acuerdo muy bien
cómo se iba degradando la situación, pero aún había momentos de
radicalización, con importantes disturbios en Praga, donde sobre todo
los jóvenes mostraban un espíritu combativo por los ideales
democráticos, en las barricadas, con adoquines en la mano… Treinta años después, ¿cómo se interpreta en la República Checa la Primavera checoslovaca? Petr Uhl: Actualmente
hay dos concepciones. La primera, que es la dominante, entiende que el
comunismo es un mal y que los cuarenta años fueron malos, sin detenerse
en ningún año en particular. En esta visión la Primavera de Praga se
reduce a una lucha por el poder en el interior del Partido. La otra
imagen tiene que ver con la idea de que en 1968 el Partido, su comité
central y el aparato, estaban en el buen camino para llevar al pueblo
hacia la democracia, pero que, desgraciadamente, los soviéticos
intervinieron. Yo creo que los dos esquemas son falsos y que la verdad
está en otra parte: lo que ocurrió fue un desbordamiento popular. Dicho
esto, 1968 se nos ha ocultado. El Presidente del Senado Petr Pithart
(quien en 1968 estaba en el Partido y muy comprometido con las reformas)
organizó un coloquio en París pero no en Praga, y podemos pensar que si
no se hubiera tratado de su propia historia, quizás no lo habría
organizado. Desde hace nueve años nadie en mi país –en mis países, en
Eslovaquia y en la República Checa– habla de los comunistas víctimas del
estalinismo; está prohibido. Los niños que van a la escuela aprenden
que hubo una gran resistencia anticomunista y que los terribles
comunistas estaban unidos para hacer el mal. Incluso tenemos una ley que
lo dice. Rebautizamos las calles de forma selectiva. Por ejemplo, no
hay por ningún lado una calle “Zavis Kalandra”, que no estaba en el PC
(le habían expulsado por ser trotskista) y que fue ejecutado a partir
del mismo juicio que Milena Horakava (nada sospechosa de simpatizar con
el comunismo). Pues bien, en todas las ciudades hay actualmente una
calle Horakava. ¿Estamos por tanto ante un caso de amnesia colectiva? ¿O
más bien ante una desfiguración de la memoria colectiva? Gente como
Karel Bartosek, que apareció recientemente distinguido en el Libro negro del comunismo,
participan en este tipo de desfiguración. Hace unos días asistí en
París a una charla sobre la Primavera checoslovaca organizada por los
Senados francés y checo. En cierta ocasión, Jacques Rupnik (que es un
antiguo izquierdista; incluso creo que pasó por la Liga) y Pavel Tigrid
comentaron, grosso modo, que no es útil hablar de 1968 porque hay que hablar, sobre todo, de los crímenes comunistas y de la lucha por el poder. En
la Primavera de Praga no había una corriente que estuviera a favor de
restaurar el capitalismo, por lo que el año 1968 perturba actualmente
esta reinterpretación de la historia… Petr Uhl: Sí,
es cierto que no había tal corriente, y también es cierto que tampoco
la hubo durante la Revolución de Terciopelo de 1989. No será hasta más
tarde cuando esta corriente aparezca. Hay que destacar que en 1968, por
ejemplo, ¡ni una sola cooperativa agrícola se disolvió! Un año antes de
la Revolución de Terciopelo, en septiembre de 1988, fue creado el
Movimiento por la Libertad Cívica. Desde la oposición nos referíamos
sarcásticamente a la “corriente de la libertad burguesa”. Se trataba de
una corriente socialista liberal que no estaba destinada a desarticular
el Estado (nada que ver con la realidad de hoy en día) y promovía
solamente la propiedad privada de la pequeña y mediana empresa (en
nuestro país, a diferencia de Polonia y la RDA, todo estaba
nacionalizado). Era una cuestión de mercado, pero combinado con cierta
planificación, por lo que se trataba de un proyecto de economía mixta. Y
esta era la corriente opositora más a la derecha del momento. ¡Nada que
ver con los neoliberales! Por supuesto que había algunos que hablaban
positivamente de Pinochet, pero no se puede hablar de una corriente como
tal, sino más bien de individuos aislados. ¿De qué manera el tránsito a la restauración se hizo tan rápidamente? Petr Uhl: Creo
que se debió a la descomposición de la URSS. Este monolito, este
coloso, se rompió. Toda la rígida estructura de deshizo y no hubo
alternativa. La autogestión obrera no era una alternativa real, porque
era el propio Estado represivo el que estaba involucrado. Entonces se
transitó hacia una concepción del Estado liberal, con una concepción
burguesa de los derechos del hombre y con la filosofía fundamental de un
liberalismo político que no incluye necesariamente un liberalismo
económico ni el capitalismo. El capitalismo como referencia ideológica
llegó a nuestro país más tarde, tras el liberalismo político. A decir
verdad, aun no tenemos un capitalismo propiamente dicho, pues la mayoría
de las industrias –no reestructuradas– son administradas por bancos que
siguen siendo propiedad del Estado o que aun pertenecen a los fondos de
propiedad nacionales. Es formalmente una propiedad del Estado, aun
cuando en la práctica la administración juega el papel del jefe (no del
director sino del jefe). Pero parece que el péndulo histórico
regresa en cierto modo actualmente. La socialdemocracia ha progresado en
las elecciones y es mucho más estatista y social y mucho menos liberal.
Los esquemas neoliberales, que no son eficaces y destruyen el país,
parece que irán desapareciendo. Después de 1968 fuiste uno de los que intentó fundar un partido, el Partido Revolucionario Socialista Checoslovaco (PRST)… Petr Uhl: No,
no, no, esto es un malentendido. Nosotros habíamos fundado un grupo
político al que llamábamos Movimiento de la Juventud Revolucionaria –un
centenar de personas como máximo. No teníamos la perspectiva de fundar
un partido, pero con el fin de difundir un panfleto durante el primer
aniversario de la intervención soviética en agosto de 1969 creamos un
nuevo nombre para el grupo y así evitamos firmarlo en el nuestro, pues
éramos conocidos. Por ello fundamos el PRST –yo estaba en contra, pero
los otros me convencieron de que la palabra “Partido” era mejor. Todo
era un fraude y desde luego no teníamos la tentación de fundar un
partido. Nunca he tenido una aspiración de este tipo… Partido
o movimiento, se trataba sin embargo de una organización socialista
revolucionaria con una gran influencia del Mayo francés, de la corriente
antiautoritaria alemana…¿qué queda de él? Petr Uhl: El
grupo que habíamos intentado crear entonces era de hecho muy
conservador. Queríamos conservar los valores de los procesos de
democratización. No queríamos que se perdieran. Era una organización de
autodefensa, dirigida sobre todo a conservar los logros alcanzados, pero
no un proyecto para ir más allá de ellos. No queda nada de esto.
Algunos, como Jaroslav Suk, que está en Suecia, o yo mismo, mantenemos
convicciones socialistas; otros se han hecho socialdemócratas, como
Jaroslav Basta, quien quizá acabe siendo Ministro del Interior; otros
tantos han girado a la derecha. Pero incluso aquellos que se acercaron a
la derecha, están volviendo lentamente hoy en día hacia la izquierda. (Entrevista a cargo de Jan Malewski) http://www.preavis.org/breche-numerique/article864.html
presidente del Grupo de Estudio e Investigación sobre los movimientos estudiantiles (GERME).
HISTORIA
Manifestaciones y protestas de 1968 cumplen 50 años
De Francia a Brasil, la juventud cuestionó tradiciones y salió a las calles contra el autoritarismo y las desigualdades
Rute Pina
Brasil de Fato, en la ciudad de São Paulo
Foto de Bresson: "Concentración de estudiantes en Paris", 1968 / Henri Cartier Bresson
Revuelta,
levantamiento o revolución? Después de cinco décadas de 1968, los
historiadores aun dimensionan la amplitud de los acontecimientos de
aquel año en todo el mundo.
Para el periodista José Arbex Jr., doctor en Historia
Social por la Universidad de São Paulo (USP), 1968 fue un año atípico
que desencadenó una explosión a escala global.
"Mayo del 68 tenía una alta dosis de ilusión, pues se
pensaba que una revolución cultural iba a resolver los problemas. Por
otro lado, las cuestiones en boga - de género, de liberación del cuerpo,
el fin del patriarcado, el fin del machismo y de la violencia contra
las mujeres - fueron cuestiones iniciadas en el 1968 y que no se han
resueto. Por eso creo que mayo del 68 es más actual que nunca", señaló.
Los levantamientos ocurrieron en el marco de la Guerra Fría
- entre 1945 y 1991 - que puso en oposición a los países de régimen
capitalista, liderados por los Estados Unidos de la América con el
sistema socialista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS).
Pero la crisis política y la insatisfacción se difundió en ambos lados, recuerda Arbex.
"En los dos sistemas había la promesa de un porvenir. El capitalismo prometía un futuro de felicidad si usted trabajaba, ahorraba, invertía y le decía que eso algún día le iba a traer felicidad; en el socialismo también, pero la felicidad vendría en el mañana", explicó.
La posibilidad de un conflicto nuclear, en que todos los
bandos serían derrotados hizo que la juventud se rebelara contra el
autoritarismo, las desigualdades sociales y pasase a cuestionar
tradiciones y costumbres de modo profundo. En el movimiento hippie, el
slogan era: "sexo, drogas y rock'n roll". En las barricadas francesas se
escuchaba que era "prohibido prohibir".
La imaginación al poder
Algo que empezó con una ocupación de estudiantes de La
Sorbona y de la Universidad de Nanterre contra la burocracia educacional
en mayo del 68, se transformó en pocos días en una huelga general que
reunió estudiantes y obreros y paralizó a millones de franceses contra
el gobierno del general Charles de Gaulle.
"Este movimiento se difunde, empieza en Paris con el
cuestionamiento en la Sorbona sobre la universidad conservadora y el
pensamiento disciplinario y después pasa a la eclosión de una gran
cantidad de expresiones de la cultura y de la libertad", señaló la
historiadora Zilda Iokoi, de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias
Humanas de la USP.
En el segundo semestre del 68, las protestas llegaron a
Italia y Alemania; en la entonces Checoslovaquia los jóvenes de la
Primavera de Praga lucharon en defensa de libertad de expresión y de un
socialismo más humano.
Arbex explica que los acontecimientos del 68 unían la
insatisfacción generalizada internacional con matices nacionales: "La
revuelta alcanzó diferentes grados de importancia y diversas formas en
los diferentes país donde surgió. En Brasil por ejemplo asumió la forma
de la lucha contra la dictadura militar, la expresión de la guerra fría
en el país", dijo.
En América Latina ocurrieron manifestaciones contra los
gobiernos represivos. En México los estudiantes protestaron y fueron
víctimas de una masacre diez días antes de la apertura de los Juegos
Olímpicos. El cuerpo y la sexualidad se volvieron centrales en la
política y los movimientos feministas reivindicaron derechos
reproductivos y una sociedad igualitaria.
En los Estados Unidos, ante las crecientes tensiones raciales tras el asesinato de Martin Luther King,eclosionaron las luchas por los derechos de la población LGBT y contra la Guerra de Vietnam.
Para la profesora de Historia Joana Monteleone, del
programa de investigación postdoctoral de la Universidad Federal de São
Paulo (UNIFESP), 1968 fue el año que redefinió la sociedad, la política,
el comportamiento y la juventud. Ella también afirma que la reacción
conservadora en Brasil y en todo el mundo hace que sea necesario revisar
el legado de aquellas protestas cincuenta años después.
"Los problemas, las ideas y las transformaciones que los
manifestantes exigían en 1968 aun son actuales y se volvieron más
actuales con el avance del conservadurismo en todo el mundo, que se
expresa en el comportamiento, en el tema de las igualdades, en favor de
la desigualdad extrema y contra los derechos humanos", dijo.
Sin embargo, Arbex considera que hubo un fallo en
el movimiento, pues sus integrantes no consideraron la perspectiva de
la lucha de clases: "No se puede idealizar lo que pasó en el 68. Por un
lado hubo una revolución de las costumbres; pero por otro lado no se
logró derrocar el capitalismo, que es la base de todo, el capitalismo
logró transformar la energía de los 60 en mercancía", opinó.